La rotura de Baldaio: un desastre anunciado y evitable

El dragado del canal y la reposición de la duna habrían mantenido estable Baldaio


carballo / la voz

La rotura de la laguna de Baldaio durante el último temporal podría causar daños irreversibles en un espacio en un equilibrio natural muy precario, desde la intervención humana ya a finales del siglo XIX. Los intentos de preservación han acabado por provocar más daños, como cuando se cerró el canal para evitar la marea negra del Prestige, que provocó una enorme mortandad de marisco a consecuencia de la desalinización del agua, el peligro más habitual, que se repite cada vez que se cierra el canal.

Eso fue lo que sucedió en mayo. Los mariscadores trabajaron denodadamente durante dos semanas contra la arena, pero esta les ganó la batalla. Se imponía entonces un dragado que nunca llegó a producirse.

El movimiento de arena se aceleró desde que en marzo del 2014 un temporal hizo desaparecer una enorme duna, en el mismo punto en el que ahora se ha abierto un nuevo canal. Costas quiso recuperar la escollera y la montaña de áridos, pero Conservación da Natureza se negó al uso de rocas y solo permitió el movimiento de arena, que se inició un año más tarde, pero que fue insuficiente para recuperar el equilibrio en la laguna.

Así pues, el dragado del canal para permitir del normal flujo del agua dulce y salada y la reposición de la escollera podrían haber evitado un desastre cuyas consecuencias se desconoce porque el canal natural es el que se ha abierto ahora, pero hace ya más de medio siglo que se cambió para la zona del puente por lo que el paso está consolidado.

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