Alvarizas monumentales de la Costa da Morte permanecen abandonadas

La riqueza patrimonial fue objeto de estudio en un simposio en Santiago


carballo / la voz

La Costa da Morte atesora algunos de los mejores conjuntos de alvarizas o abellarizas de toda Galicia. Tanta es su importancia (y monumentalidad, en algunos casos) como el desconocimiento de su existencia, su abandono o, peor aún, la indiferencia hacia el estado de muchas de estas construcciones, claves en la producción de miel durante cientos de años. Perdidas en medio de los montes en muchos casos, solo los trabajos de búsqueda (ya suma varios años) de gente como Carme Toba, directiva de la Asociación pola Defensa do Patrimonio de Galicia (Apatrigal), y otros colectivos, permite mantener localizadas, o redescubrir, estas construcciones, que se cuentan por decenas, y de tamaños muy variables. Vimianzo concentra ejemplares muy destacados, sobre todo en el entorno del monte Faro, pero también Camariñas, Dumbría, Muxía, Malpica, Laxe, Carnota...

Precisamente esta riqueza fue objeto de análisis recientemente en Santiago en la presentación del proyecto Apiturismo Xacobeo 2021, que justamente tiene como objetivo poner en valor esta riqueza. Apoyado por la Xunta, fue presentado por la Asociación Galega de Apicultura, y una de las ponentes fue precisamente Toba, quien presentó un trabajo sobre las de la Costa da Morte, aunque conoce otras muchas del resto de Galicia, especialmente de Ourense, fruto de muchas horas de caminatas, preguntas a las personas mayores, análisis de documentos o indagaciones que parten de la toponimia.

Toba explica en su texto, a modo introductorio, que «a Costa da Morte tivo un potencial apícola moi relevante noutros tempos. Era terra de monxes e os antigos mosteiros, como Moraime, Ozón, Seavia, Baíñas (anexado a Ozón), xa cobraban os diezmos en cera e mel entre outros produtos. Foi unha apicultura de autoconsumo e dispoñían dun excedente en cera para liturxias e iluminación nas casas, que compaxinaban cos traballos do agro. As colmeas foron fixistas e estantes, é dicir, permanecían todo o ano no mesmo sitio (alvarizas) ou inamovibles (lacenas). Además de buscarlas por los montes y lugares, indagó en fuentes documentales como el Catastro del Marqués de la Ensenada o el Diccionario de Madoz. La tradición oral también es clave para saber de su existencia.

Toba indica que la Costa da Morte está en un eje atlántico húmedo, ventoso y lluvioso. Las lacenas se ubicaban en las paredes de las casas para proteger a las abejas de las inclemencias. Coincide con lo relatado por los investigadores del IBRA sobre las bee boles (los huecos para las abejas) de Irlanda, Escocia, Gales, Inglaterra o la Bretaña francesa, que ha investigado, contactando con alguno de ellos. «O rexistro do IBRA é de catalogación e recollida de bee boles (nichos de abellas nas paredes), iniciado pola doutora Eva Crane, onde teñen rexistrados uns 1.590 ocos de abellas na pedra ao longo deses países, Algún deses bee boles está datado do século XII», señala.

Toba considera que en la zona exterior, la losa de piedra está orientada al sol, y así «saen as abellas para buscar un clima agradable. As lacenas nunda se construían en zonas sombrías». por contra, en la zona interior, la losa de fuera está fría y mojada, «pero pola parte de dentro reciben o calor dos cuartos da xente, das cortes dos animais, cabaneles con leña, palla, apeiros de labranza, etcétera».

Características

En la ponencia presentada en Santiago, Carme Toba, entre otras muchas cuestiones, clasifica en cuatro grupo principales las construcciones de abellarizas. 

Alvarizas. Están adaptadas al terreno aprovechando el desnivel.

Pueden ser ovales, cuadradas, redondas o mezcladas. Su función es proteger los panales de los animales salvajes o domésticos. Y presentan cuatro características importantes: orientadas al sol, ubicadas en el fondo dos montes, protegidas de los vientos y cerca de regatos.

Alvarizas lineales. Tienen unos soportes de piedras verticales con una losa horizontal formando tejado. La protección se realiza con una pared posterior, y dentro se sitúan los cortizos. Fueron construidas en el fondo de las huertas y cuadras, para una mejor vigilancia por parte de los labradores.

Muros de abejas en la piedra. Se trata de habitáculos integrados en la pared de piedra, y dentro de esos huecos se asientan los cortizos, orientados al sol.

Lacenas. Son huecos interiores construidos en las fachadas orientadas al sol de las casas, molinos, celeiros, cuadras de ganado, cabaneles, pendellos, etcétera. En su parte exterior tienen una losa que se diferencia del resto de la cachotaría, con una repisa y la piqueira. Algunas, talladas en la piedra con ornamentaciones e incluso escudos. Esos huecos interiores tienen una puerta o tablas recebadas con excrementos de vaca por dentro, que es lo que se abre cuando se castra. Dentro de la lacena es donde trabajan las abejas.

Todos estos tenían una protección legal muy amplia, con severos castigos por los robos.

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