Lola Otero: «O accidente de Amador cambiounos a vida completamente, un 200 %»

Personas con historia | Malpica se volcó con la familia del pescador que quedó tetrapléjico en 1998. Era imprescindible ofrecerle una vivienda digna para su situación


Carballo / la voz

Antes de octubre de 1998 Lola Otero era redera y estibadora. Trabajaba para el barco, el Serantes Otero, en el que iban su marido y su hijo, de apenas 16 años. Lo normal en Malpica. Pero esa vida corriente de centenares de familias malpicanas dio un vuelco que ella considera el «200 %». Amador Serantes, con el que llevaba 19 años casada, iba de paquete en una moto. Venía de Cabana, del astillero O Baladiño. Martín Senande le estaba construyendo una nueva embarcación. No la llegó a estrenar.

El accidente dejó tetrapléjico a Amador. Lo convirtió en un cuerpo inerte y la vida de la familia, incluso de los «parentes de fóra», cambió por completo. Vivían en la Atalaia, el barrio pescador por excelencia, en una vivienda de cuatro plantas. El dormitorio estaba en la segunda y el baño en el bajo. Para una persona con una minusvalía tan importante, y también para su entorno más inmediato, la vida en esas circunstancias se hizo imposible.

La asociación Mulleres Rurais Atalaia, que presidía Carmen Teresa Blanco, fue la primera en dar un paso al frente y salir al rescate de la familia, convocó a las entidades del municipio para intentar paliar la situación desesperada en la que estaban los Serantes Otero.

«Tiñamos moitas débedas porque estabamos a facer un barco. Houbo que vendelo porque o fillo era moi neno daquela, e era moita responsabilidade. Estabamos moi empeñados, era moita carga para nós», recuerda Lola.

Administración, entidades y empresarios se volcaron, pero la ayuda también tuvo su coste. El Concello contactó con Educación para conseguir la cesión de una de las viviendas de los maestros, ya desaparecidas. Se trataba de un bajo en O Caldeirón que estaba en muy malas condiciones. Hubo un llamamiento a los profesionales de la construcción para que colaboraran y unos 25 asistieron a una reunión. Acordaron poner materiales y mano de obra. El presidente de los empresarios, José Manuel Pose, que andaba en política, aprovechó para criticar a la cofradía por, supuestamente, haberse desentendido de su socio. El secretario de la entidad era también concejal.

Había pasado un año desde el accidente y Lola Otero se vio obligada a intervenir. Unos días después de la crítica, el pósito, que se hizo cargo de la venta del barco entregó a la mujer un cheque por medio millón de pesetas (3.000 euros). La decisión se tomó antes de que la queja del empresario fuese dada a conocer.

Han pasado 20 años, pero Lola Otero aún le duele el asunto. «Eu xa tiña bastante», dice. No concreta lo que ocurrió ni sus protagonistas, pero el asunto salió en La Voz de Galicia porque se dirimió en público y empañó el ejemplo de solidaridad que dieron en Malpica. «En xeral estou moi agradecida, non teño queixa se non fose por ese pequeñiño aquel. Eu non tiña nada que ver e vinme en medio de dous lumes». Nada en Malpica era sencillo entonces, sobre todo a nivel político.

Estuvieron cinco años en aquella vivienda cedida. Parte de la familia se quedó en la Atalaia y Lola Otero y su hijo se trasladaron con Amador a O Caldeirón. Después compraron y adaptaron una vivienda junto a la casa consistorial. «Toda preparada para Amador», explica Lola, pero el hombre solo vivió en ella seis meses. Falleció hace 14 años, casi siete después de aquel accidente en Cabana.

Entrevista en el cruceiro con el presidente de Íntegro

Amador pasó nueve meses en el hospital. Para Lola fueron relativamente tranquilos. La cosa se complicó cuando lo dieron de alta. Fue necesario aupar a Amador hasta un segundo piso, por una escalera estrecha. Para asearlo había que bajarlo de nuevo. Un peso muerto arriba y abajo. Así estuvieron siete meses, hasta que pudieron mudarse al bajo que fue vivienda de maestros.

El presidente de la asociación Íntegro, Adolfo López Baña, se trasladó a Malpica para conocer de primera mano la situación del marinero y conocer las necesidades de la familia. No podía verlo en su cama porque López Baña sufre una paraplejia, pero la idea era acercarse hasta la casa. No pudo ser. El vehículo de la entidad no pudo subir hasta la Atalaia. Las cuestas son tan empinadas que no hubo manera. En esa zona no solo las casas crecen en vertical y son inaccesibles para personas con diversidad funcional o incluso problemas de movilidad, el propio barrio es una barrera arquitectónica monumental.

El encuentro de produjo en el cruceiro, al final de la calle principal, y puerta de entrada a la Atalaia. Fueron necesarias cuatro personas para sacar a Amador de su cama, bajarlo por las escaleras de su domicilio y trasladarlo cuesta abajo hasta el punto accesible más próximo para el encuentro.

Una vez

Fue la única vez que Amador Serantes salió de su casa durante los casi cuatro meses que fueron necesarios para conseguir la vivienda en la planta baja. A partir de entonces, como recuerda Lola, ya pudo ver el mar y los barcos, que habían sido su vida hasta ese momento. Y todo por un accidente de moto que no pudo ser más trágico para todos.

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