CRÓNICA | Recorrido por Caión |Historias de puerto ballenero

Los participantes hablaron con una vecina de 95 años, testimonio vivo de mediados del siglo XX


Carballo / la voz

Caión, coqueto rincón costero del municipio larachés y una de las puertas de entrada a la Costa da Morte, es, sobre todo, una cuna asentada de historia e historias. Una veintena larga de personas desafiaron al temporal y tomaron parte ayer en el primero de los paseos programados por el Concello y comentados por Marcos Emilio Amado, vecino, divulgador, escritor y responsable de la musealización del Arquivo da Pesca, que fue precisamente el punto de arranque de la salida.

Está situado en lo que hasta su adecuación con fines expositivos era el sótano de la cofradía de pescadores: el Arquivo, en pleno paseo marítimo, es un espacio donde a través de paneles uno puede conocer de forma resumida la historia de la villa caionesa, cuyo nombre figuraba ya en mapas de la Galicia de los siglos XV y XVI. Junto con Malpica, también en la Costa da Morte, Caión fue uno de los más destacados puertos balleneros de la costa atlántica gallega. Fueron casi 200 años de pesca de estos gigantes del mar: el último ejemplar de ballena franca cazado data del 1699.

De 1494 data la primera piedra del Pazo dos Condes de Graxal, que preside la plaza Eduardo Vila Fano caionesa. Lo mandó construir Fernando Bermúdez de Castro: ante él, hoy cerrado, explicó Marcos Emilio Amado la que fuera Torre da Homenaxe, con la cárcel de la jurisdicción situada en su parte inferior, o los túneles y pasadizos subterráneos que comunicarían el inmueble con la iglesia, la zona donde se levantaría muchos años más tarde el edificio de la cofradía o la denominada precisamente Praia do Cárcere. La vocación religiosa de Fernando fue heredada por su nieto, del mismo nombre, que fue quien mandó levantar el templo renacentista que preside la plaza caionesa (la iglesia de Santa María do Socorro) y el convento de Santo Agostiño situado justo al lado, terminado en 1620 y que llegó a albergar a más de una docena de frailes. Funcionó como convento durante unos 200 años y también como escuela. Ese uso se conservaría mucho después todavía: de hecho, el propio Marcos Emilio, en los 70, llegó a cursar «parvulitos» en la planta superior, hoy adecuada como centro sociocultural.

Curiosidades

Muchas curiosidades surgieron durante la ruta, como la historia de María da Vila, que llegó a pagar pena de cárcel por enfrentarse a un fraile presto a cobrar sus diezmos de pesca, o como la vida de trabajo de la señora Maruja, vecina de Caión que actualmente cuenta 95 años. Con ella se toparon los participantes en el paseo emprendiendo camino por el barrio de San Roque, la parte más antigua de la villa, donde en su día se concentraban todas las casas, y bien diferenciada de la parte señorial.

Maruja es de aquellas mujeres que decenios atrás salían desde Caión con cestas de pescado de unos 30 kilos de peso en la cabeza: iban a pie hasta Arteixo e incluso hasta A Coruña, para vender el género. A veces, a la espalda, añadían percebes. Cubrían buena parte del camino descalzas, para así conservar limpios los zapatos, las zapatillas de trenzas, y entrar en la ciudad con una buena imagen para los señoritos. La cosa es que, si cambiaban el pescado por otras especies, entonces tocaba volver a Caión de nuevo cargadas. «Antes era unha necesidade, hoxe a xente é rica», comentó Maruja a los caminantes. Dice que ahora, que tiene que ayudar a sus piernas con muletas, paga aquellos tiempos de dureza y miseria.

Quedan en Caión cinco o seis casas antiguas de pescadores, con sus balcones de madera. La construcción ha ido dando al traste con esta parte de la historia e incluso con un pequeño templo que llegó a haber por el barrio de San Roque.

Convento

Desde ahí volvieron ayer los caminantes al convento, con los escudos de los condes de los Bermúdez de Castro aún bien visibles, pero ya en cambio prácticamente borrados en el Pazo. Sigue también el corazón flechado de los agustinos. La historia de Lucrecia Bermúdez de Castro, cuya vida le fue arrebatada por su propio marido mientras viajaba en carruaje con sus dos hijos a la altura de Benavente, llamó la atención de muchos, por la crueldad y por la pena cumplida, que apenas fueron unos años de destierro para luego ser perdonado y quedarse con las posesiones. Ya próxima la una y media de la tarde entraron los participantes en la iglesia de Santa María do Socorro, cuyos retablos actuales fueron traídos desde el Hospital dos Reis Católicos de Santiago, como bien apuntilló el historiador Luis Giadás, presente en la ruta.

Desde el antiguo puerto ballenero, avistando la Praia da Ribeira y también la furna natural sobre la que está construida la casa de piedra de la señora Maruja, finalizó la salida cultural de este domingo por Caión. Habrá una próxima sesión, el 17 de noviembre, con salida a las 12.00 de la plaza Eduardo Vila Fano.

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