Las leyendas y la tradición suplen una historia escasa


Hechos históricos que confirmen la predicación de Santiago en la Hispania antigua no los hay. El exdirector del Museo das Peregrinacións e de Santiago Bieito Pérez aludió a una carta de san Pablo a los romanos en la que les dice que quiere que lo acompañen a evangelizar lo que ahora es España y Portugal. Si esto fuese así, argumenta, ningún otro apóstol pudo venir al mismo territorio.

Otra cosa es la tradición, que en Galicia se implanta de forma tardía. Garrido Rivero contó que la Traslatio adquirió sentido con el descubrimiento de la tumba en Compostela, entre el 820 y el 830. El reconocimiento del traslado fue aceptado por el papa Pascual II, en 1105, cuando Diego Gelmírez era obispo de Santiago. Las primeras informaciones son del monje inglés Beda el Venerable, sobre «un posible enterramento do corpo de Santiago en Galicia». Fue a principios del siglo VIII. El francés Floro de Lyon menciona por primera vez la Traslatio, en el siglo IX: «O corpo de Santiago -dice Garrido- foi trasladado aos últimos confíns de Hispania e posto a salvo». El papa León dicta una epístola «na que se trata por primera vez o milagroso traslado».

Luego, el Códice, en 1140, cita como Atanasio y Teodoro acompañan el cuerpo del Apóstol desde Jaffa (Palestina) y por consejo de la Reina Lupa lo traen incluso hasta Duio. Garrido también abundó en los espacios de Padrón relacionados con Santiago y reivindicó la vieja Iria como destino xacobeo.

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