Montse Pereira: «El Grand Trail Costa da Morte es una película hecha realidad»

Esta larachesa afincada en Canarias ganó, en pareja, la segunda edición de la cita


Carballo / La Voz

Montse Pereira Regueira (Suiza, 1979) lleva dieciocho años afincada en Las Palmas de Gran Canaria. Su forma de regresar anualmente al lugar en el que se crio desde los nueve años y donde vive su familia, Estramil (Torás-A Laracha), es a través del Camino de Santiago en bicicleta. «Me gusta mucho el ciclismo», cuenta. No obstante, este verano le apetecía correr. «Llevo practicando trail running desde el 2013 y estoy federada. Lo que pasa es que no me gusta competir, sino disfrutar del paisaje y hacer turismo al mismo tiempo», explica. Es por ello que, buscando pruebas de montaña, se encontró con el Grand Trail Costa da Morte, cita que recorre catorce concellos de la comarca en siete días, y no se lo pensó dos veces. El resultado fue «una pasada», asegura.

Participó con su compañero de entrenamientos y carreras, el canario Javier Jiménez, y lo cierto es que vencieron la que fue la segunda edición de esta iniciativa que partió el 14 de este mes desde Caión y concluyó el pasado viernes en O Pindo. Fueron dos de los cuatro valientes que aguantaron a pie de cañón los 265 kilómetros y más de 9.000 metros de desnivel. Empezaron más, pero la dureza de la cita hizo mella en muchos.

«El Grand Trail Costa da Morte es una película hecha realidad». Con estas palabras describe la atleta la experiencia vivida. «Pasamos por lugares increíbles que no conocía. Cuando se terminó todo y regresamos en coche me encontré con la tristeza y la soledad de la carretera», añade.

Ya avisó en su día el organizador de la carrera de ultrafondo, Miguel Bernárdez, de Outdoor Sports, que a parte de la belleza de los paisajes, con el detalle que más se quedaron los corredores fue con los tojos. Montse lo confirma: «Tengo las piernas que no me cabe un rasguño más. Llegó un punto que tenía ganas de llorar. Ahí es cuando mi compañero Javi me decía: ‘Así se te pasa más rápido el tiempo’». Por todo esto, lo que más recordará siempre, a mayores de «la costa y los túneles de vegetación», serán, dice, «los toxos». De hecho ayer, acudió al centro médico para que le quitasen dos espinas de las manos. Y todavía le quedan otras cinco, cuenta.

Pereira se preparó con antelación para afrontar bien el reto: «Entrené mucho. Los compañeros de aventura, en cambio, no iban tan preparados. Fue una prueba dura. Era levantarse con dolor de piernas y volver a salir. La cabeza, a veces, te jugaba malas pasadas».

Esta larachesa no es capaz de declinarse por un solo sitio de las catorce localidades por las que transcurrió el recorrido: «Todos tuvieron su encanto. También dependió del día. Los cuatro primeros tuvimos un sol increíble y, en cambio, los tres últimos, una niebla que pasábamos cerca de un acantilado y no lo veíamos. Lo apreciábamos por el sonido del agua», comienza explicando, a lo que añade: «Caión me recordó a mi adolescencia. Muxía siempre me pareció un lugar mágico; iba siempre con mi abuela. Laxe me encantó. La etapa que terminó en Ponteceso también me gustó mucho. Un paseo de madera con vegetación a los dos lados yendo hacia Camariñas me impresionó bastante». Montse hace una reflexión: «La gente utiliza la palabra paraíso para referirse a las Maldivas, por ejemplo. He viajado mucho y aquí hay playas que son mejores que esas. Yo sí puedo decir que estuve en el paraíso».

Tiene claro que repetiría: «Por supuesto», exclama. Y lo dice después de haber pagado 745 euros (1.490 la pareja): «Nosotros cogimos el pase vip con estancias y desplazamientos. La organización no gana nada y la atención fue mejor de la que me esperaba. Me sentí hasta mal de lo bien que nos trataron. Lo recomiendo al cien por cien».

Días en familia

En el día de hoy, Montse tomará el avión de vuelta después de pasar unos días en familia y en los que todavía le quedó tiempo y ganas para salir a correr desde Carballo a A Laracha: «Estoy enganchada al trail. ¿Y ahora qué?, me pregunto después de la experiencia vivida». Nació fruto de la emigración en Suiza, retornó al lugar de origen de sus padres y con más de veinte años se mudó a las Islas Canarias para cambiar de aires. Aunque en el archipiélago el clima es mejor, dice, ya que el sol le permite salir a correr todos los días, no se olvida de su Galicia natal y de la Costa da Morte en particular: «Me encanta la gente, las costumbres... Lo de ser gallega lo llevo muy dentro».

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