Thierry Saloum: «Hice el Camino sobre unos esquís»

Ex esquiador profesional y entrenador francés, lo ha recorrido ocho veces en total, aunque esta última podría meterle en el libro Guinness de los récords


Carballo / La Voz

«Como profesional del deporte he viajado por casi 60 países. Caminé por Japón, Korea del Sur, por los Alpes, en Sudamérica... Pero esta tierra, la Costa da Morte, es muy particular. Le tengo mucho cariño, y no solo por el Camino de Santiago, sino porque me gusta mucho la gente». Thierry Saloum (Évian, Francia, 1960) ha hecho deporte toda su vida: fue esquiador profesional (ahora entrenador), pero también hizo trail, vela, kayak y caminó, caminó mucho.

Ha hecho ocho veces el Camino de Santiago -la primera, en 2013-: cinco veces el francés, dos el del norte, otros dos el portugués y otros dos el primitivo. Sin embargo, de todas ellas, la más especial fue la última, que terminó en el mes de julio tras quince días de periplo. Cubrió la distancia entre Saint Jean Pied de Port y Santiago de Compostela (después, hasta Muxía), realizando buena parte del recorrido sobre unos esquís de rueda nórdica. «Seguí el camino que hacen los ciclistas. Hubo partes que, por supuesto, tuve que hacer a pie, pero sobre los esquís hice unos 500 kilómetros [en total fueron 820]», cuenta Saloum, que estos días estuvo por la Costa da Morte coincidiendo con un viaje que hizo a Galicia en el marco de su último proyecto, la recuperación de los caminos xacobeos por mar. «Estoy implicado con gente de España y Francia para traer a peregrinos a través del mar», narra el deportista galo.

Al llegar a Compostela sobre ruedas le informaron de que había sido la primera persona en encumbrar tal gesta, lo cual podría hacerle entrar en el libro Guiness de los récords, aunque para él el Camino es algo mucho más espiritual: «El Camino es mi momento personal. Cada uno es diferente, porque eres tú y es la gente que te encuentras en él», asegura.

Dice el francés que el esquí nórdico es «el deporte que más calorías quema, incluso más que el ciclismo», y por ello se entrenó durante «cuatro o cinco meses» antes de lanzarse a la carretera con los esquís de ruedas para llegar a Compostela. «Es muy físico», asevera. En una ocasión, y justamente coincidiendo en el que para él es uno de los tramos «más bellos» (por Mansilla de las Mulas, antes de León), unos vientos de frente de hasta ochenta kilómetros por hora quisieron ralentizarle. «Hasta los que iban a pie no alcanzaban a moverse con sus mochilas. La mía pesaba ocho kilos. No pensé en tirar la toalla, porque conozco mis límites y sé hasta donde puedo tirar. Nunca voy al extremo: si me siento cansado, me paro», dice.

En otra ocasión, hace cinco años, completó su particular vuelta al mundo en autostop: de Vladivostok a Fisterra en 29 días y 124 vehículos. No fue tarea fácil, pero nunca le faltó quien le llevase de un lado a otro. Como tampoco careció nunca de una cama en la que dormir siempre que hizo el Camino, a pesar de tener la peligrosa costumbre de no reservar plaza con antelación en ningún albergue.

Hizo el Camiño dos Faros el año pasado y fue espectador de lujo del Grand Trail Costa da Morte estos últimos días. Los seis idiomas que habla le han abierto puertas y «amistades» a nivel internacional, llevándole por todo el mundo para diferentes proyectos. Como cuando, después de formar parte de la selección nacional de esquí en su país (treinta años atrás), le enviaron a Groenlandia para entrenar a unos esquimales. Alaska, la Patagonia, Rusia... Le gustan los «espacios grandes» y los retos, aunque dice no echar de menos la competición: «Me gusta la aventura, pero hay que evolucionar. Lo que está hecho, está hecho».

Como deportista profesional, compitió hasta en campeonatos del mundo y en las Olimpiadas de Invierno del 1992 en Albertville. También fue preparador de militares y policías chilenos en el rescate de alta montaña, además de instructor del equipo nacional francés de esquí alpino.

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