A pedales por el corazón de Europa

Un vecino de San Cremenzo, su pareja y sus dos hijos pequeños recorren en bici hitos históricos en torno al Danubio


CARBALLO / LA VOZ

Cada vez se viaja más, pero hay muchas manera de hacerlo. No abundan (tampoco es excepcional) las del tipo que ha elegido Óscar Martínez Rey, con su pareja y sus dos hijos, de 6 y 4 años: un recorrido por el corazón de Europa, siempre al lado del Danubio, entre Alemania y Austria, pasando por lugares clave en la historia de Europa tanto en lo artístico y literario (la abadía de Melk, por ejemplo), como en lo dramático, como lo que queda del campo de concentración de Mauthausen, que de nuevo vuelve a ser actualidad tras la publicación en el BOE de todos los españoles que murieron en este lugar. Pasando por lo deportivo, porque el viaje, de seis días, y que concluyó ayer en Viena, ha sido en bicicleta, con los niños en un carro tirados por el padre. «Foi unha viaxe a través do tempo, a historia e a xeografía», describía ayer Óscar Martínez.

Óscar, que cumplió hace unos días 46 años, camionero de profesión, es natural de San Cremenzo de Pazos, en Zas. Siempre le han gustado los retos especiales, ya van muchos, Uno de los últimos, el año pasado, fue subir a pie hasta la cima del Teide (3.718 metros) durante la noche para ver amanecer en el techo de España. Este ha sido distinto. Desde Passau, en Alemania, siguieron la estela del río Danubio hasta Viena, adonde llegaron ayer. Atravesaron muchos valles, «fragas e pobos dunha fermosura infinita». Una de las paradas más impactantes, como era de prever, fue la de Mauthausen. «Resultoume un pouco difícil explicarlles aos nenos o que pasou alí», porque el viaje incluye esa finalidad didáctica en la que los críos son parte esencial, adaptándose naturalmente a su edad, «o que se fai con moita paciencia». A él mismo le resultó impactante: «Foi o que máis. Pasas a porta e venche a mente todo o sufrimento que alí se pasou, entre aqueles muros. E moitos eran republicanos españois, que deixaron alí as súas vidas, eles e outros, tan inxustamente».

La suya no ha sido una ruta ni siquiera habitual por aquellos lares, ya que no era raro que constantemente se interesasen por su aventura, y eso que tanto los alemanes del sur como los austríacos son serios y muy discretos, pero es inevitable, sobre todo con niños pequeños. Ya el mero hecho de llevarlos, sin la trascendencia del entorno, constituye de por sí una aventura, por las atenciones que conllevan.

Casi cada lugar de parada merecería un amplio capítulo de textos y fotos. Melk, en la Baja Austria, es uno de ellos, con su abadía de cuento, en la colina, lugar que inspiró a Umberto Eco para situar en la ciudad el origen de un de los principales protagonistas de su célebre libro El nombre de la rosa. O el propio Passau, en la Baja Baviera, donde confluyen dos ríos más junto al Danubio, el gran cauce que ha ido marcando los horizontes cercanos de la familia durante esta semana movida por miles de pedaladas.

Sin palabras

«Non me chegan as palabras», resume Óscar a la hora de describir todas las sensaciones que han ido experimentando. Claro que no todo ha sido épica y romanticismo. A veces pasan cosas poco novelescas: «Na segunda etapa marchounos a roda dun dos carriños, e tivemos que parar e amañeina como puiden, ata que puidemos cambialo». Es natural interesarse por la logística. Para empezar, su pareja habla alemán y los niños lo entienden, lo cual facilita las cosas. La atención en hoteles y restaurantes «foi excelente», y en general de la gente con la que se topaban, con «moita curiosidade». Los niños disfrutaron, «é un unha experiencia única que lles dá moita liberdade». Lo peor ya estaba previsto: el cansancio por lo largas de las etapas, pero estaba asumido desde el primer momento y las alegrías compensaban de largo esos inconvenientes. Óscar destaca que «os condutores teñen unha educación exquisita cos ciclistas».

¿Y el precio? Óscar asegura que lo caro realmente es viajar hasta allí en avión, pero por lo demás se trata de zonas «bastante asequibles», aunque, claro, al final depende de lo que cada uno vaya buscando en hoteles o restaurantes. Pero cree que compensa por todo lo que se ve y se aprende.

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