La nueva fauna de la Costa da Morte gana terreno poco a poco

Algunos animales llegaron de otras zonas, pero también se recuperan algunos que fueron frecuentes hace años y que poco a poco están volviendo a serlo


carballo / la voz

La fauna, mayor y menor, de la Costa da Morte varía poco a poco, con cambios que solo se perciben desde la perspectiva de los años, pero que son constantes. Sin duda la principal variación de los últimos años, con diferencia, ha sido la presencia de la velutinas, que más que adaptación es plaga, por mucho que algunas voces apuntan que no quedará más remedio que resignarse a lo primero. Pero hay otras especies que se han agregado de manera natural.

Una de las más llamativas es el corzo. «Xa son moi frecuentes, mesmo en accidentes», señala Juan Fermín Insua, de Vimianzo, buen conocedor del terreno comarcal en su doble condición de agente medioambiental y directivo de caza. Coincide José María Álvarez Villar, presidente de la Federación Provincial de Caza. Hace unos quince años eran anécdóticos, hoy ya no. La clave, dice Rodríguez, ha sido superar la barrera de la Autopista del Atlántico, que durante mucho tiempo los estuvo frenando.

Ciervos no hay. No, al menos, como en la zonas de las Fragas do Eume, por ejemplo. Pero alguno sí se ha visto. En la memoria de muchos queda aquel (con generosa cornamenta) que apareció en un monte de Riobó (Cabana) al lado de la carretera comarcal. Y como llegó, se fue. O aquella pareja que se dejaba ver por la parroquia de Calo, que desapareció. Una vez incluso se halló parte de una cornamenta. Tal vez se los comieron los lobos, cuya cabaña, según muchas voces y algunos datos estadísticos de la Xunta a la hora de elaborar las órdenes para las ayudas, sí parece que va a más.

Las jinetas cada vez se ven más. Lo mismo que los visones, «pero estes sempre houbo, aínda que non tantos como agora», señala Rodríguez. Insua apunta a que el aumento es enorme, y la prueba es que incluso aparecen lejos de la zonas húmedas, su hábitat habitual. Martas, muy pocas, pero también aparecen de vez en cuando, o al menos hay constancia. Como relata este experto, por desgracia muchas veces se descubren animales que no suelen verse al producirse incendios forestales, por los desplazamientos.

En todo caso, la homogeneidad comarcal es casi imposible. Incluso para especies de lo más común, como bien saben los cazadores. Ni siquiera en un mismo municipio se ven los mismos animales.

Hay algunas especies que fueron frecuentes y parece que regresan con fuerza. José María Álvarez apunta sobre todo a dos: las rulas o tórtolas, habituales en paisajes sobre todo agrarios en otra época, y que ahora «hainas con forza outra vez», y los pombos, que casi formaban parte de la identidad arquitectónica por su abundancia (casi no había casas sin huevos reservados a ellos), después casi desaparecieron, y ahora vuelan y crían de nuevo. «Creo que nunca houbo tantos», añade.

Muy lejos de esas grandes están aún las cigüeñas, pero las parejas van a más cada año. Queda poco (a finales de año o a principios del siguiente) para ver si ahora se superan la cuatro parejas en la zona sur de Carballo y oeste de Cerceda. O si siguen haciendo incursiones, en busca de comida, por ejemplo a las leiras de A Esfarrapa, en Coristanco, o las del centro de San Cremenzo de Pazos, como pasó este año. Y muchos más lugares.

El águila real que volaba hasta Vilán

Las historias de especies nuevas, o simples visitantes, dan para muchas anécdotas. Insua recuerda una de hace unos años, cuando una de las águilas reales soltadas en la Serra do Xurés, que tenía un localizador, hacía de vez en cuando excursiones a Cabo Vilán, pasaba unos días, y regresaba a Ourense. Anecdótica también es la presencia, bajo control humano, de los avestruces en Vimianzo (hace ya muchos años) o de los búfalos en Muíño (Zas). Incluso la del solitario cisne en la laguna de Baldaio, visible sobre todo desde la zona de San Cristovo (Lema). Incluso de faisanes, llegados de la mano de los cazadores: solitarios y territoriales, no suelen quedarse en un sitio si no les gusta. A veces sorprende su porte y plumaje (y confianza) a los caminantes que cruzan un monte.

Hay especies que sí son casi invasoras, como los cormoranes que se aposentan meses sobre tramos de ríos, para lamento de pescadores. Han pasado de anecdóticos a miles en muy pocos años. Lo mismo que el cangrejo americano. Pero les ha salido un enemigo hermano: el visón americano acaba con ellos.

Malos y buenos

Hay especies que llegan por evolución natural. Otras vienen porque las traen y alguna más acaba por aquí de forma accidental a causa de la globalización y los movimientos de mercancías. Si aparecen animales nuevos porque han llegado por sus medios y razones naturales, bien venidos sea. Lo otros dos casos deben ser objeto de control por las Administraciones. Los intereses comerciales sin regular, los caprichos y los descuidos acaban dando malos resultados

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