El estado del mar condicionó la emotiva procesión de Malpica

A. g. / m. r. / p. b. CARBALLO / LA VOZ

CARBALLO

«Non hai palabras», aseguraba el patrón del Arcay Andrade

26 ago 2019 . Actualizado a las 08:11 h.

Alfonso Arcay, patrón del Arcay Andrade, apenas podía articular ayer palabra cuando se le preguntaba por lo que significa llevar en su embarcación la imagen de la Virgen del Carmen: «É que non hai palabras», decía, tras pronunciar un carraspeo. Era su primera vez con este cometido y, pese a la emoción, sí acertó a elegir un vocablo que defina lo que significan las Festas do Mar para los malpicáns: «Únicas». Era el de ayer el tercer día de celebración, y para muchos el más importante, el de la aguardada procesión por mar.

El tiempo condicionó la salida y redujo el tiempo de periplo, pero aún así pudo llevarse a cabo. No fue posible, sin embargo, cumplir con el deseo y propuesta de la comisión, que era situarse todos los barcos frente a la playa Area Maior, con el Arcay Andrade al frente. Tampoco la segunda vuelta a las Sisargas, por la mala mar. Brisa y calor, con una tarde por veces nublada, se dieron cita en la localidad, donde ya pasadas las cuatro y media muchos se habían echado al puerto para después embarcar. Hasta el pendón, que llevó el Faro Sisargas, se resintió por el viento y acabó en parte desgajado.

Reencuentro

Pese a la meteorología, quedó patente tanto en la procesión por tierra como por par la devoción de un pueblo marinero por su Virgen del Carmen. A bordo, el sacerdote Manuel Chouciño, párroco en Tordoia, pero natural de la localidad, entonó un cántico para pedir el descanso eterno de quienes habían perdido la vida en el oficio. A los pies de la imagen de la patrona se podía ver también una fotografía de José Luis Gómez Pardo, fallecido en el mes de junio a los 56 años y asiduo portador de la Virgen. Ayer lo fue simbólicamente, de esta manera.