Joaquín Carneiro: «La emigración de los últimos años es muy cualificada»

Este pontecesán lleva 49 años instalado en el país canadiense, aunque regresa cada verano. Es vicecónsul en cinco provincias del país norteamericano


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Joaquín Carneiro Pose (Tella-Ponteceso, 1945) se marchó con unos 20 años a Toronto (Canadá), para conocer una nueva cultura durante dos años como mucho. No obstante, con el título de ingeniero técnico químico recién sacado, le apareció trabajo en Ontario Hydro, compañía de producción de energía eléctrica considerada en su momento la más grande del mundo. Fue el inicio de una larga estancia en América del Norte que todavía perdura, 49 años después. Desde el 2004, además, es vicecónsul de España en Winnipeg, capital de Manitoba, donde vive. Ejerce estas funciones, además, en las provincias de Saskatchewan y parte de Ontario, así como Alberta y British Columbia, lo que viene siendo una superficie de casi ocho veces España. Estos días se encuentra en la Costa da Morte, adonde regresa casi todos los veranos para pasar un mes o a veces, incluso, más.

-Tiene bajo su responsabilidad a mucha gente.

-Solo Winnipeg es una ciudad de unos 800.000 habitantes. Mucha gente pasa a diario por mi casa. También yo visito a muchas personas, asisto a actos... El consulado es un cargo voluntario que da bastante trabajo. Le dedico muchas horas al día. Pero es bueno para ayudar a mis compatriotas, y con mucha frecuencia, a los canadienses, pues quizá tenga más trabajo con canadienses que con españoles.

-¿Cómo llegó a este cargo?

-Era conocido en la comunidad española en Winnipeg. Había vivido en Toronto durante muchos años y dejé muchas amistades. Allí está el consulado central de España del que yo dependo. Llegué a oídos del cónsul de Toronto, en aquel entonces el puesto estaba vacante, vino a Winnipeg, tuvimos una larga entrevista, me preguntó si querría desempeñar el cargo y le dije por qué no. Eso fue en el año 2004. Ahora pienso que ya es tiempo de pasar el testigo a otra persona pero da una cierta satisfacción ayudar a la gente y, entonces, seguramente continúe unos cuantos años más.

-¿Cuáles son sus funciones?

-Soy el representante y portavoz de la comunidad española en Winnipeg. Estoy reconocido tanto por el gobierno federal como por el provincial de Manitoba, lo que supone que ambos se comunican a través de mí cuando es necesario. Asisto a muchos actos oficiales, me invitan a muchas cosas... Mi casa, concretamente, es un espacio en el que está vedado entrar sin permiso. La policía no puede entrar sin una orden judicial muy seria. Es un espacio diplomático. Si hay una emergencia, tengo que responder yo. Hay muchos casos de criminalidad, de inmigrantes que llegan indocumentados e inmediatamente vienen a mí.

-¿Cuántos emigrados de España hay en las provincias que usted controla? ¿Y gallegos?

-Es curioso que no le pueda responder con certeza. El registro central está en Toronto y no me está permitido acceder. En Winnipeg puede haber cerca de 500 españoles, de los que la mayoría no han nacido en España sino en cualquier país de Latinoamérica, África, la India, el Oriente Próximo... En Saskatchewa imagino que hay unas 200-300 personas. En Alberta, posiblemente unas mil, y en British Columbia, de dos a tres mil. Hay una amplia representación gallega. Es más común que emigren gallegos a estas provincias que gente de otras regiones de España. El gallego, por suerte o por desgracia, siempre tiende a emigrar.

-¿Tiene contacto con gente de la Costa da Morte que esté allí?

-De la Costa da Morte hay varias personas de Zas y Ponteceso, pero más de Vigo, Ourense, Ferrol, Noia y Boiro.

-¿Con qué metas van?

-La emigración que llegó en los últimos años es gente muy cualificada, diferente a la de los años 60 y 70 a la que yo pertenezco. Tienen aspiraciones altas. Lo que pasa es que desde que llegan a Manitoba hay un período que tienen que empezar donde pueden y tratar de progresar. Algunos se desaniman y regresan. Pero la gente española es trabajadora y triunfa por el mundo.

-Trabajó con la producción de la energía eléctrica. De hecho, se graduó en Toronto como científico químico. Si la compara con la que se lleva a cabo en España, ¿qué opina?

-Más o menos trabajé en eso toda mi vida. Primero en la parte técnica y, luego, fui avanzado hacia la dirección y gestión de empresa. Le puedo decir que la electricidad es significativamente más barata en Canadá porque en Manitoba es suministrada predominantemente a través de recursos hidrológicos, lo que llamamos presas o pantanos, que son gigantescos porque la zona es muy llana. No tienes los desniveles que hay en Galicia, por ejemplo. Entonces, se produce mucha y se exporta a Estados Unidos: Wisconsin, las Dakota, Kansas...

-También estuvo muy en contacto con las universidades en ese ámbito. ¿Se puede decir que en Canadá las empresas están más en contacto con la universidad que en España?

-La empresa en la que estuve en Toronto era gigantesca y sigue siéndolo. Manitoba Hydro no tanto, pero está entre las más grandes de esas dos ciudades. Hay mucho contacto entre las empresas y las universidades. Sacan muchas becas para la investigación y el desarrollo y pagan a la universidad para que hagan estudios que necesitan. Por todo esto yo diría que sí, pero con cierta duda porque no conozco suficientemente bien ese ámbito en España. En Canadá se considera a la universidad como algo que ayuda a las industrias y al desarrollo del comercio.

«La sociedad canadiense es muy tolerante, te sientes muy cómodo»

Joaquín Carneiro es hijo único de una familia muy conocida y querida en Ponteceso, dedicada fundamentalmente a actividades agrícolas. A día de hoy, conserva su idioma natal, el gallego, que habla con asiduidad. Aunque su vida en Canadá siempre estuvo muy ligada al trabajo, también le quedó tiempo para el ocio saludable.

-¿Tiene pensado regresar algún día permanentemente a Ponteceso?

-No estoy seguro. Tengo una casa y algunas propiedades y muchos amigos extendidos por Galicia, pero también un hijo en Canadá, que nació allí y que no creo que tenga en sus metas asentarse en España. Entonces, quién sabe. Es de lo más agradable estar aquí, pero mi vida está allí.

-¿Que fue lo que le enamoró de Canadá para quedarse toda la vida?

-Es una sociedad muy tolerante. Cada uno piensa a su modo y respeta la manera de ser de otra gente, y nadie se mete en tu vida. Te sientes muy cómodo ya que el ambiente es muy civilizado. Cuando te das cuenta, aquello te agarra.

-Además de trabajar, practicó muchos deportes y fue al conservatorio. ¿Se fomenta en Canadá un estilo de vida muy diverso?

-Tengo muchas aficiones. El mundo del automóvil me fascina. Estoy muy metido en él. La guitarra clásica me apasiona. No soy un gran concertista pero me refugio en ella constantemente. Los deportes, ahora los practico menos, pero fue una parte muy importante de mi vida. Canadá se formó a base de inmigrantes pioneros. Esa cultura de vivir fuera de casa e ir al campo perdura todavía. Mucha gente vive en la ciudad y pasa el verano y los fines de semana en el lago. Hay un cariño por la vida activa fuera de casa, aunque el canadiense es muy casero, también. Complementan a la perfección ambos estilos de vida.

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