Este año no hubo que reponer berberecho a media tarde, pero eso no significa que la afluencia de público haya sido, ni remotamente, inferior a otras ediciones. «O deste ano foi unha cousa sen xeito», confesaba ayer José Antonio Vilariño, que está al frente de la entidad organizadora, la ADCR Baldaio.

La de ayer fue la edición número 22, y nunca, en estos años, recuerda Vilariño semejante público. «Se che digo que houbo colas de ata hora e media non estaría mentindo», y añadía: «Xa dende primeira hora houbo moitísima xente, pero despois formáronse ringleiras de ata setenta metros». Él lo achaca, sobre todo, a que no hizo día de playa, con lo cual mucha gente aprovechó para hacer planes alternativos y optó por acercarse hasta la carpa localizada en las pistas polideportivas de A Imende y degustar diferentes elaboraciones de berberecho: al vapor, en salsa o en empanada. Deliciosas por igual.

Alrededor de las seis de la tarde ya se habían consumido más de dos tercio del berberecho y quedaban escasas empanadas. Se plantearían ir a buscar más, «para a noite», pero su proveedor no tenía forma de preparar más producto a tiempo, con lo que optaron por agotar las existencias que tenían y, después, «que a xente bailase e queimase a comida, que a festa faise igual sen berberechos», bromeaba Vilariño.

Unos 1.100 kilos prepararon en esta ocasión, que fueron acompañados, para quien así lo prefiriese, por pulpo y carne ao caldeiro. Y por la bebida de rigor, claro está.

De la sesión vermú se encargó la orquesta Almirantes, que repitió por la noche junto con el dúo Chic. Aunque por la tarde tampoco faltó la animación musical, que corrió a cargo del grupo de baile Bilitroque.

Fiesta hasta altas horas que coronó una jornada que salió «de dez», sentenció Vilariño.

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Colas de hasta una hora y media para degustar el berberecho en Baldaio