Medio siglo de turismo rural en Lires

TURISMO A TODA COSTA | Casa Raúl fue pionera en esta modalidad de alojamiento a nivel gallego y aún sigue


carballo / LA VOZ

Se cumple ahora medio siglo desde que llegaron los primeros clientes a Casa Raúl, en Lires (Cee). No obstante, los gerentes iniciales de este negocio que marcó el inicio del turismo rural en Galicia, los vecinos locales Raúl Areas Fandiño y María Blanco Fiel, ya comenzaron a trabajar en el proyecto en el año 1968. Por aquel tiempo, su hijo Raúl, tenía veinte años. Más tarde, este último se convirtió, junto a su mujer, María Teresa Toba, de Muxía, en la segunda generación familiar en regentar la empresa. Ambos se retiraron hace poco. No obstante, Casa Raúl sigue haciendo historia al asumir su hija Rosalía los mandos. Con los padres fallecidos, Raúl Areas Blanco recuerda toda la trayectoria de esta casa de alojamiento rural que comenzó siendo una «casa de labranza», cuenta.

«Lires, aínda que está ao lado do mar, é de tradición labrega. E por aqueles tempos, ter catro ou cinco vacas non daba diñeiro suficiente para vivir», comienza relatando. «Entón, o Estado, en vista da situación de pobreza deste lugar, trouxo unha extensión feminina e outra agraria que serviron de moito para ensinarlle ás mulleres a aproveitar a materia do mar ou para ensinarnos a todos a explotar as fincas», añade. Lo cierto es que como vía de salida, desde el ente estatal les propusieron salir al mercado como casa que recibía viajeros interesados en vivir la experiencia del mundo rural. Y así fue como nació Casa Raúl: «A xente que viña comía pratos feitos con alimentos da casa e durmía con nós. Como actividades, levabámolos pescar, apañar patacas, coller os ovos das galiñas... E cando vían parir unha vaca quedaban pampos!».

Casa Jesús o Casa Lourido fueron otros negocios que surgieron en la parroquia ceense a posteriori. Y hubo alguno más. Pero como dice Raúl, también existieron períodos en los que se quedaron solos: «A algúns veciños facíaselles difícil pensar que os clientes quedasen a durmir con eles. No noso caso, non había nada que roubar, pois eramos unha familia normal».

Una anécdota hace reír a Raúl al recordarla: «Lires era terceiromundista. Non había estrada pola que puideran circular os coches. Así é que os clientes tiñan que vir 4 quilómetros andando para chegar á nosa casa. Un día, un matrimonio veu con dúas nenas pequenas e cargados de maletas. Así foi que meu pai colleu o carro da herba e aló os foi buscar. O coche quedoulles aparcado alí un mes». Habla de la familia Verdura de Valladolid que iba, en principio, para quedarse unos días y, que de tanto que les gustó lo que allí se encontraron, se instaló unos treinta. Y lo más interesante: ¡todavía siguen acercándose siempre que pueden! «Temos moitos clientes que se converteron na nosa familia», asegura Raúl. La tranquilidad que les aportaba el entorno natural, cuenta que era la clave del éxito.

Hoy en día

Por aquel entonces, todo el trabajo se concentraba en el verano: «Viñan unhas catro ou cinco familias cada ano. Incluso xornalistas que despois escribían sobre a experiencia vivida e nos traían máis xente. Xuntabamos unhas 2.000 pesetas», afirma. El turismo en Lires es bien distinto a día de hoy: «Cando cumprimos as vodas de prata, entrou en regra o turismo rural, que xa non esixía ter animais, entre outras cousas. Mais recentemente, tamén se prohibiu darlles ós clientes produtos caseiros. Tamén o Camiño Xacobeo trouxo peregrinos. Por todo isto, pasamos de ter xente que viña por quince días a só quedarse unha xornada, ademais de pasar a dar só almorzos». Algo que no cambió en Casa Raúl fue la propia vivienda: «Restaurámola, pero sen alterala para non estragar a antigüidade. Seguimos cas mesmas sete habitacións orixinais».

El que en su día fue gerente de este negocio está contento por haber llegado tan lejos, algo «impensable» en su día, comenta. «Se hoxe Lires ten turismo foi polo movemento que houbo hai cincuenta anos!», incide. En este sentido, dice, el cura Lorenzo Castiñeira, jugó un papel fundamental.

El Camiño, asegura, desestacionalizó el turismo en Lires y atrajo a muchas más personas. Ello tuvo como consecuencia la creación de nuevas casas rurales. No obstante, algo que resiente a Raúl es que las entidades correspondientes no lo cuiden: «Deixan talar as árbores para plantar eucaliptos, cando a xente, se vén, é para ver un mundo bonito», opina. Dos ríos, tres playas, la montaña, el litoral, la pesca y «unha das mellores» puestas de sol, dice ser los reclamos para visitar Lires.

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