«Con cuatro o cinco farolas pagarías el sueldo anual de un agente de la Guardia Civil. ¿Qué prefieres?»

El astrofísico Alejandro Sánchez de Miguel explica que la contaminación lumínica no se reduce haciendo inversiones millonarias en farolas de tecnología led


Carballo / La Voz

Nacido en Madrid, el astrofísico Alejandro Sánchez de Miguel es el autor de un estudio sobre contaminación lumínica que ha situado en un ránking a más de 2.000 municipios españoles basándose en datos recabados en el 2012. Actualmente es investigador en la Universidad de Exeter (Reino Unido) y es miembro de varias sociedades científicas y de protección de la naturaleza. Los concellos vienen haciendo inversiones millonarias -con ayudas de fondos europeos- en cambiar su alumbrado público a tecnología led: más eficiencia energética y respeto por el medio ambiente, dicen. Este investigador lo desmiente.

-Comencemos por la base: ¿Qué es la contaminación lumínica?

-Es difícil de definir, y no porque sea complicado, sino porque ha habido varios «cuerpos» que han intentado dar su definición, y que entran en conflicto entre sí. A nivel legal en la Unión Europea, la contaminación lumínica es cualquier luz artificial que produzca un perjuicio a los ecosistemas. En la práctica, hace que toda la luz artificial exterior nocturna produzca contaminación: todo lo que se escape a lo natural (luna, estrellas, auroras...). Esa no es la única definición, sin embargo, pues la industria la describió hace más de 30 años como la cantidad de luz que se manda por encima de la horizontal, hacia arriba. Esto genera confusión, y de hecho es habitual toparse con municipios que dicen que van a reducir la contaminación lumínica cambiándose al led.

-¿En qué se basan?

-Parten de la definición aportada por la industria, y la luz del led es más fácil de dirigir hacia abajo. Pero, por otro lado, tiene un componente azul mucho más grande que las lámparas clásicas de sodio, y esta puede contaminar entre dos y cuatro veces más. Aunque se reduzca la potencia (y, por tanto, el gasto energético), desde el punto de vista medioambiental se está aumentando el perjuicio.

-¿En qué situación se encuentra España en cuanto a gasto por alumbrado público respecto al resto del continente?

-En gasto por habitante somos los primeros de la lista. Esto probablemente cambie pronto, porque Portugal está incluso peor que nosotros. Pero en cantidad de luz por habitante yo creo que no hay nadie que nos gane [ríe]. Gastamos más que Alemania, que tiene el doble de población; o que Italia, con un 50 % más. Esto se explica porque España tiene una densidad de población relativamente baja, aunque este dato es un poco engañoso. Galicia es un sitio particular, puesto que la población está muy dispersa, pero en el resto del Estado no ocurre esto: la densidad como país es muy baja, pero como población urbana es altísima (la más alta de Europa, de hecho). Lo que ocurre aquí es que hay zonas muy vacías y la población se concentra en las capitales. El despilfarro en iluminación pública es, así, un sinsentido.

-Por latitud, países como Alemania, que tienen menos horas de luz, deberían gastar más.

-Hay un estudio muy curioso que hicimos en mi tesis, en el que evaluamos aspectos culturales. El primero en gasto en iluminación es España; el segundo, Portugal; el tercero, Italia; después, Irlanda, Grecia, Bélgica... La mayoría eran países mediterráneos [con más luz natural], pero había otros que no encajaban en esta teoría, como Irlanda o Bélgica. Sin embargo, vimos factores comunes que lo explicaban mejor: la cantidad de deuda pública, el despilfarro de dinero, la corrupción o la inversión en investigación. Fue en este aspecto donde encontramos una mejor correlación. Hay que tener mucho cuidado con las relaciones de tipo estadístico, pero sí hemos deducido que los motivos para un mayor gasto en iluminación no tienen que ver con el sol, sino con características culturales y sociales: corrupción, distancia al poder, amiguismo, falta de transparencia...

-¿A qué se debe esta fiebre tan repentina por el led?

-Creo que Zapatero dijo que España es muy propensa a las burbujas, y ahora somos el país que más rápido está dando el giro al led, sumándose a esa burbuja, cuando hay estudios a nivel europeo que ponen en entredicho la supuesta viabilidad económica de cambiarse a esta tecnología. Es, prácticamente, una ruina.

-¿Por qué motivo?

-Se podría ahorrar mucho más aplicándole a las lámparas de sodio que ya tenemos una nueva tecnología que permite reducir su potencia. El cambio típico en España son 600 euros por farola, y tenemos 10 millones. Poner una nueva cuesta hasta 4.000 o 5.000 euros. Con cuatro o cinco farolas pagarías el sueldo anual de un agente de la Guardia Civil. ¿Qué prefieres? ¿Tener un agente más o cuatro farolas?

-¿Qué es lo ideal, entonces?

-Si tienes que poner una farola nueva la tecnología led es la mejor. No tiene sentido poner una lámpara nueva de sodio, aunque sean eficientes a nivel energético. Hasta 2015 no se fabricaron leds que fuesen, siquiera, equiparables, y a día de hoy las lámparas de sodio de baja presión siguen siendo las mejores del mercado. Sin embargo, tienen dos inconvenientes: se tardan 15 minutos en cambiar la intensidad de la bombilla y la direccionalidad de la luz es bastante mala (la manda hacia todos los lados). Bajar la potencia de una farola a la mitad cuesta no más de 20 euros, pero la moda está en cambiarse a los led, que son más caros. Es como si tú quisieras ahorrar y te compraras un Ferrari. Le dimos el dinero a Europa, y ahora nos lo devuelven y nos lo gastamos dándoles ganancias a las compañías.

-Algo bueno tendrán.

-Puedes elegir el color, regular la cantidad de luz (y de forma instantánea), dirigirla hacia donde quieras. Pero las prestaciones vienen con un coste, y el mantenimiento es también mayor. Hay muchos informes que advierten que todos esos datos sobre la vida media de los led son falsos. Nos dicen que van a durar 25 años o más, ¿pero qué industria podría sobrevivir haciendo bombillas que duran dos decenios? Igual el diodo puede durar ese tiempo, pero la electrónica no aguanta.

-¿Por qué la luz azul es la más contaminante?

-Principalmente porque es la que más se difunde en la atmósfera. Por otro lado, tanto humanos como animales tenemos unos relojes biológicos que controlan la segregación de determinadas hormonas. Una de ellas es la melatonina, cuya secreción es muy sensible a la luz azul. Y se sabe que la falta de ella produce un mayor riesgo de ciertas enfermedades, como cánceres o dolencias de tipo neuronal. Todavía no se conoce el alcance de los daños que puede causar la contaminación lumínica, pero sí conocemos que el medio marino es especialmente sensible. Sabemos que el zooplancton bloquea su migración debido a la contaminación lumínica, por ejemplo, y esto es algo que afecta especialmente a Galicia, siendo una comunidad cuya economía depende en parte del sector pesquero. No sería extraño que la propia iluminación de las ciudades de las rías afectasen negativamente al desarrollo del plancton.

«Puedes dar un espectáculo por bonito o por hortera, y lo de Vigo en Navidad fue hortera»

Una «horterada», así vio Alejandro la Navidad viguesa.

-¿Se habla lo suficiente sobre contaminación lumínica?

-No, en absoluto. Cualquier galaxia del universo está mejor estudiada que el alumbrado público de tu país. Y de qué sirve tener normas si no se cumplen, ni se sancionan las infracciones. Se está utilizando la luz de una forma totalmente populista. ¡Y ahí tenemos el ejemplo de Vigo!

-¿Qué opinión le merece la iluminación ornamental navideña?

-Es cierto que atraen visitantes, pero lo bonito no siempre es sostenible. Un ejemplo. En Berlín, la capital europea más oscura, tienen dos festivales de luz al año. A mí me coincidió uno de ellos, y me esperaba todo un despliegue de luz y color, pero lo cierto es que depende mucho del diseñador. Hay alumbrado ornamental que puede ser bonito y espectacular, a la par que sostenible. Y luego hay otras cosas que pueden ser dañinas y horripilantes, como lo de Vigo. Puedes elegir entre ofrecer un espectáculo por ser bonito o por ser una horterada, y lo siento mucho, pero lo de Vigo era una horterada tremenda.

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