El filón de la náutica recreativa apenas palía el declive pesquero

Solo un puñado de emprendedores pelean por dotar la costa de actividad y contenidos


cee / la voz

El secretario del náutico de Fisterra, Fernando Carrillo, explicaba la semana pasada que cuando crearon el club en 1993 se pusieron en contacto con amigos de la Bretaña francesa, una región que sufría los mismos problemas de contracción del sector pesquero que la Costa da Morte. Hoy aquella zona es un vergel de la náutica deportiva, fuente de trabajo para muchos oficios asociados: pintores, carpinteros, mecánicos... y aquí el sector sigue aún en un estado muy incipiente. Faltan clubes e instalaciones, pero también promoción, regulación e iniciativa. Únicamente un puñado de emprendedores apuestan por estas actividades que, además, se consideran estratégicas en todos los foros sobre turismo como la CMAT, a la que los turoperadores le insisten en la necesidad de crear contenidos para prolongar la estancia de los viajeros.

Dos empresas de cruceros en Fisterra, Taximar, Buceo Malpica, Buceo Finisterre, Náutica Golfiño y poco más hay en la zona. Lo siguiente ya son escuelas de surf, actividades de kayak, algo de vela y solo dos náuticos con instalaciones, el de Camariñas y el de Muxía. Una dotación, desde luego a años luz de cualquier rincón de la Bretaña, pero que se antoja claramente insuficiente si, como todo parece indicar, el turismo está llamado a ser la tabla de salvación de la comarca ante el recorte de embarcaciones pesqueras que se sucede año tras año en todos los puertos, por falta de relevo generacional, cuotas y otros muchos factores de sobra conocidos.

Es cierto que el sector está en crecimiento, porque algunas iniciativas apenas tienen un par de veranos, pero falta promoción, regularidad y también protección de espacios especialmente sensibles como las islas.

Pedro Torres, trabaja con Tono García en Buceo Malpica, y reconoce que son prácticamente una isla, ya que en el entorno, Corme por ejemplo, no hay nada parecido, por más que estén convencidos de que todo lo que tiene que ver con el turismo activo está cargado de posibilidades. Este verano les va razonablemente bien en los viajes a las Sisargas. «Casi todos los días, que el mar lo permite, claro, porque tampoco se puede ir siempre, tenemos algún grupo», explica Torres, que, eso sí, recalca que todo es prácticamente a demanda del momento, por contactos de amigos, gente que está por la zona y se acerca -funcionan también como escuela y centro de buceo, desde bautismos a actividades avanzadas-, mientras que las reservas previas, ronda el 10-15 %. En su caso, tienen una excelente relación con los propietarios, a los que han llevado varias veces a las islas y ahora, después de una compleja tramitación, también con Medio Ambiente. «Tramitamos los permisos y tenemos todo en regla para ir, con las limitaciones de los meses de nidificación (marzo, abril y mayo, si no recuerdo mal) y con cuestiones que son lógicas: no salirse de los caminos marcados, no prender fuego, ir solo a la isla grande, no llevar mascotas... No intervenir, vamos, en el vida de los animales y el medio ambiente», detalla Torres.

Desesperación

La Costa da Morte y su mar forman un paraíso único con enormes posibilidades turísticas, siempre dentro de la sostenibilidad aconsejable. Los viajes en barco, las visitas bien ordenadas a las islas, los bautismos de buceo e iniciativas similares podían ser fuente de ocupación laboral, junto con el desarrollo del turismo náutico y los puertos deportivos. Sin embargo, todo va tan lento que desespera ver que se pierden oportunidades.

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«Perpetuamos a historia, fálolles de cousas que se non se contan, pérdense»

La cecereña, Soledad Méndez, que llegó a la zona como voluntaria del Prestige, es un ejemplo de como la náutica turística puede generar actividad económica. Después de realizar los cursos preceptivos de marinero-pescador y demás, hoy es marinera de puente del Ganges Quinto, el pesquero de madera convertido en pionero de las rutas turísticas en O Grove que, de la mano de Dito Valdomar, surca ahora a diario la ría de Corcubión con Navega Finisterre, con, entre otras, el ya tradicional viaje de dos horas para ver la puesta de sol y los impresionantes 143 metros de altura del faro Fisterra en lo alto del promontorio. Y ejerce de guía en un recorrido con gastronomía local, narración en vivo y, en ocasiones, música en directo. «Compramos as empanadas na de Germán, dámoslles tortilla de pataca e longueirón que fai a nai do patrón e tamén perpetuamos a historia, porque fálolle de cousas que son patrimonio e se non se contan, pérdense. Fálolle de cando os xeiteiros paraban a tomar augardente nas tabernas da Lobeira, de por que hai unha torre vixía en Sardiñeiro, do Cason, o Prestige, a flota de Padilla, O monte do Pindo, a Fervenza... de por que se puxo aí o Carrumeiro, de que pesca a nosa flota... Anímoos a ir á lonxa, ao Castelo de San Carlos. Cada día é un experiencia neste lugar cheo de enerxía», concluye entusiasta.

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