El verano muestra la punta del iceberg de un furtivismo sistémico

Desde grupos organizados hasta algunos profesionales atacan recursos como el percebe


cee / la voz

Hay quien recolecta, quien comercializa y, sobre todo, quien compra. No estamos en los momentos absolutamente escandalosos de hace apenas un decenio, pero el fenómeno del furtivismo sigue muy vivo en la Costa da Morte donde, además, se trata de una práctica sistémica, profundamente arraigada y que ni siquiera genera rechazo en muchos ámbitos. Va desde el pescador de caña, que se lleva una presa de percebes en el bolsillo de vuelta a casa, hasta auténticos grupos organizados, pasando por los propios profesionales, que se burlan del resto de compañeros ocultando producto extraído más allá de los topes.

Patrones mayores y presidentes de los mariscadores de Camelle, Muxía, Camariñas y Corme dan cuenta de cómo funciona el sistema, en un mundo en el que hablar claro no genera precisamente halagos e incluso da lugar a represalias.

Xosé Xoán Bermúdez (Camelle), explica como todavía la semana pasada en la zona de la Percebeira encontraron fondeado un saco con cuatro kilos de percebe y, lo que más le molesta, que se haga por parte de gente de la propia cofradía. «Non me dá vergoña dicilo. Eu son claro coma a auga. Témolos na propia casa e hai que separar a palla do trigo. Non hai percebe porque o están roubando. Non é de hai 8-10 anos atrás, tamén hai que dicilo, pero penso que chegou o momento de que lle demostremos a Europa que somos unha potencia de acabar con estas cousas porque non hai necesidade», afirma Bermúdez, que pone un ejemplo: «Eu, o outro día collín catro quilos, a 68 euros. Son 270 euros en tres horas. ¿Onde se gaña iso? Así que xa me dirás se non é mellor levantarse da cama tranquilo, e, dentro do arriscado que é o noso traballo, facer o día cun percebe de calidade, que ter que andar saltando a un pedra: non hai, a outra: non hai... ou coller a maleta para Suíza e gañar 100 francos por nove horas debaixo dun patrón», resume el percebeiro, que recuerda las numerosas represalias que sufrieron la vicepresidenta de la cofradía, distintos armadores y él mismo por luchar contra el furtivismo los últimos años. Desde ruedas de coches cortadas hasta daños en las embarcaciones.

Su colega camariñán, Ramón Lema, incide en como a través de la implicación de los socios se van logrando objetivos. En su caso, para el percebe tienen destinado un vigilante, ya que el tramo de costa a controlar es mucho más pequeño que el de Camelle o el de Muxía, y han centrado esfuerzos en la desembocadura del río y los bivalvos.

Vigilancia 24 horas

«Ao primeiro, xa sabes que houbo problemas con pancartas e todo, pero agora dannos a razón. Temos vixiado 24 horas e a cousiña vai de marabilla», explica Lema Romero, quien también aclara que no existe el mismo compromiso por parte de todos. «Se non queres ir vixiar por algo será e tamén tés de deses que case mellor é que non vaian», especifica el patrón mayor. «Como non nos organicemos, mal vamos», concluye el mariscador, que también tiene constancia de la existencia de grupos organizados de que «hai furtivismo por todos os lados».

Su homólogo de Corme, Roberto Vidal, con dos vigilantes para 30 kilómetros de costa, da cuenta de algunas incidencias aunque, en términos generales, considera que la situación en su zona está bastante tranquila, si se compara con años atrás. Para él, lo más grave es que los furtivos les atacan rocas que para ellos son sagradas. «Por exemplo, no Roncudo ti ata dentro de seis meses non volver, pero en dous ou tres o percebe pequeno que quedou xa medrou algo e eles [los furtivos] xa poden estar traballando alí», incide.

«Hai hostaleiros que loitan contra isto, pero outros, con que a eles lles cubra, xa está»

El presidente de los percebeiros de Muxía, Víctor Haz, pone el acento en un aspecto concreto y especialmente dañino que es el de la compra clandestina en los restaurantes. «Chégaslle a un sitio e dinche: ‘A min este percebe nada, tráenmo moito mellor’. Hai algúns hostaleiros que loitan contra iso, pero outros, con que a eles lles cubra, xa está», cuenta Haz, para quien «os furtivos son os que realmente fan os cartos», porque mientras ellos tienen que pagar seguros, impuestos, guías y transportes, los clandestinos todo lo que ingresan es limpio.

Como sus compañeros se queja de la falta de recursos. «Temos un vixiante para 40 quilómetros de costa, dende os Ariños do Lago ata a praia de Nemiña, e aínda pagado por nós», recalca Haz, quien destaca que así poco se puede hacer para luchar contra grupos perfectamente organizados, que campan a sus anchas por una costa muy escarpada y llena de recovecos. «Pensas que non están e están. Non sabes nin cando chos roubaron nin como. Vas para unha zona que acaba de abrir e resulta que xa estiveron traballando. Apañan sen luz. Cando lles vas por un lado, márchanche por outro. Mesmo deixan os coches lonxe, esperan a que caia a noite para subir, uns vixían e outros collen...» detalla el percebeiro, sobre una forma de furtivismo muy concreta y especialmente dañina, que nada tiene que ver con los veraneantes o incluso con los profesionales que extraen más producto del que tienen en los cupos. «Vixían eles ao vixiante. Téñenlle o coche controlado, saben cando sae, cando entra...», concluye Haz, que pide más apoyo por parte de la Consellería do Mar.

Un error

El furtivismo es un error. Es una ruina. Degrada a quien lo practica y a quien se beneficia de él, sobre todo los restaurantes. Esta actividad es como un cáncer para el sector marisquero y pesquero. Nadie se beneficia a la larga, incluido el propio furtivo. Mantener la organización y la explotación racional de los recursos es la mayor garantía de que la riqueza marisquera pueda permanecer en el tiempo y dar de comer a la mayor cantidad de profesionales posible. Una lucha que no se acaba.

Seguir leyendo

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

El verano muestra la punta del iceberg de un furtivismo sistémico