Se busca pareja de baile para el sábado


El sábado hay baile. Baile de salón, pero de salón de plenos. De los 16 de la zona y los del conjunto del país. En la mayoría de las pistas las suelas están gastadas ya y la cosa va a ser más de arrimarse a la barra para pedirse otra. Pero en un puñado de tablados el suelo quema y toca moverse, cada uno con su estilo, o con la falta de él.

En Cee parece que la orquesta, nunca mejor dicho, va a tocar a suelto. Antonio Domínguez asegura que Ramón Vigo y él ni siquiera se han propuesto dar unos pasos juntos y a los de Ciudadanos no está por la labor ni siquiera de prestarles la chaqueta para que se la dejen en el ropero. Serxio Domínguez y Margarita Lamela, en principio harían buena pareja -política, nadie está hablando de alturas-, pero los números tampoco les dan. Con lo que todo apunta a que la abogada tendrá que bailar sola y esperar a que el resto no les dé, antes o después, por ponerse a jugar a la silla, a moverle la suya más concretamente.

En Corcubión, si se impone la lógica, debería sonar un agarrado, el del PSOE con el BNG. La idea de que los nacionalistas salgan a la pista con Alfredo González se antoja difícil. Aún hay muchos callos pisados de verbenas anteriores, que siguen doliendo nada más pensar en enfundarse los zapatos de un gobierno conjunto.

En Vimianzo, por contra, lo de menos es la música, porque antes hay que formar las parejas y las opciones son todas bastante extrañas. Mucha peluquería y maquillaje va a hacer falta para que los votantes de Antelo, los que lo apoyaron y los que dejaron de hacerlo, sean capaces de mirarse en el espejo de una alcaldía del PP. Poco importa que en frente le pongan a Mónica Rodríguez el traje, ajustado o no, de la madrastra de Cenicienta, porque en esta ocasión tiene toda la pinta de que va a ser ella la que se quede con el baile y con la carroza, mientras al todavía alcalde le toca recoger las calabazas sembradas.

Pero sin duda la verdadera discoteca la tienen en Malpica, donde se respira humo de cabaré berlinés de los años 20 y se baila del tango a la cumbia y del bolero al reguetón. Cañizo se ofrece a una mano y a otra, como en estos bailes etílicos de boda a las cuatro de la mañana, en los que te vas de ganchete por la izquierda con el viene de frente y vuelves por la derecha con el que iba para el otro lado. Todo así en un ambiente de soldadesca cosaca en el que se te queda cara de tonto cuando no coges el ganchete bueno y sí alguna silla, la columna o el atril del trompetista.

En Coristanco, por contra, va más de baile de graduación, en el que Pensado espera con el traje puesto a que vengan a recogerlo, sin asumir todavía que a él no lo habían invitado.

Por J. V. Lado política

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