Los gatos amenazan la colonia de pardela cincenta de las Sisargas

Ornitólogos dicen que las ZEPA no han protegido a las aves


Carballo / la voz

Podría tratarse de una leyenda, pero se trata de datos que maneja el ornitólogo Álvaro Barros, vocal de la Sociedade Galega de Ornitoloxía. Un solo gato masacró en el 2010 la mitad de la población nidificante de pardela cincenta que había en las islas Sisargas. Nueve años más tarde, siguen siendo los felinos asilvestrados la principal amenaza de estas aves marinas que al año siguiente de la masacre fue declarada en un real decreto especie vulnerable en el listado de las especies en régimen de especial protección. Sin embargo, estas aves vuelven todos los años al mismo lugar para hacer sus nidos y criar a sus pollos.

Lo más curioso es que el ornitólogo sostiene que apenas nada se ha hecho para solventar ese problema, a pesar de que la propia Xunta se obligó a hacerlo con un decreto en el 2014. Al parecer, en el 2012 colocaron trampas para los felinos, que misteriosamente desaparecieron, dejando a los mininos libres para seguir arrasando con los huevos.

El famosísimo ornitólogo Francisco Bernis catalogó en 1948 cuatro especies en las Sisargas, y el gato, añadió una quinta. A ninguna le ha ido bien, ni siquiera a las gaviotas patiamarillas, que tienen en las islas malpicanas la segunda mayor colonia de Galicia. Álvaro Barros aseguró ayer que entre el 2009 y el 2017 desapareció el 40 % de la población sin que se conozca el motivo.

Todos estos datos, realmente alarmantes, fueron expuestos ayer en Carballo, en el 40 aniversario de la Directiva de Aves de la Unión Europea. Se trataba de ver lo que han supuesto las ZEPA de Galicia (zonas de especial protección para las aves) para las distintas especies, sobre todo para las marinas, que desde el accidente del Prestige son las más controladas. Los datos de las poblaciones son bastante recientes, pero también las amenazas, que en muchos casos toman la forma de «carnívoros exóticos» como los gatos de las Sisargas o los visones americanos se han detectado en la Insua do Castelo, en Touriñán. Sin embargo, lo realmente peligroso son las artes de enmalle que utiliza la flota de bajura. Según los ornitólogos, se trata de las actividades que más muertes causan.

El caso de la especie balear

Uno de los casos más curiosos de los expuestos ayer por los miembros de la Sociedade Galega de Ornitoloxía es el de la pardela balear, cuya existencia en Galicia es masiva durante determinas épocas del año, pero como se considera mediterránea, la Xunta no controla su presencia, que es muy numerosa en la ría de Corcubión, el seno de Fisterra y la zona de Carnota. De hecho, uno de los especialistas contó cerca de un millar de individuos que acuden a alimentarse al sur de Touriñán. Sorprendentemente, la pardela balear es una de las especies que en el catálogo español figura como en peligro de extinción.

Ya casi desaparecida de la Costa da Morte están también la gaviota tridáctila, de la que en el 2007 había entre 21 y 23 parejas nidificantes, y que entró en la lista de protección cuatro años después de ese recuento. En el 2004 se encontraron cuatro parejas de araos en la zona. Desde entonces nunca más se supo.

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