El mundo es nuestro


EEn la página Humans of New York leí el testimonio de un hombre de 96 años. Decía que estaba preparado para morir, el cuerpo ya no le funcionaba bien y aseguraba solemnemente que era feliz de haber vivido todo lo que vivió. La historia en sí no me llamó mucho la atención, pero un comentario que le dejó allí una señora llamada Debra Morán me cogió con la guardia baja, y eso que yo no cierro los ojos ni cuando beso.

Lo que viene a continuación es mi traducción de dicho comentario, sin florituras: «Realmente entiendo cómo se siente. Yo tengo 66 años y vivo en un hospital desde que tuve un ictus. Me he recuperado entre poco y nada. Pero, a diferencia de usted, yo no he hecho nada en mi vida. Nunca he salido fuera de mi ciudad natal. Ahora no puedo viajar. Mi plan era jubilarme y después mudarme a Carolina del Norte para poder estar cerca de mi hijo y mis nietos. Mi hijo más joven murió en junio del 2016. ¡Lo echo tanto de menos! Estoy preparada para irme. Deseo la muerte. No tengo calidad de vida. Sí, me gustaría ver crecer a mis nietos, pero no mediante vídeo-llamadas de Facebook. El único consejo que puedo dejar es: vive tu mejor vida. Disfruta. No esperes. Trata bien a tus seres queridos. Yo he aprendido de la manera más difícil que no hay una segunda oportunidad. ¡Hazlo! Muéstrale a la gente cuanto la quieres. Sé amable. Diles cosas buenas varias veces al día. Trátalos como te gustaría ser tratado. Perdona a los que te han herido. No guardes rencor. El tiempo no vuelve y el mañana es incierto. Vive cada año como si fuera el último, haciendo lo que ames».

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