Ozón aparca el cultivo de patata un año después de detectarse la plaga

El maíz y otros productos de huerta han ocupado los terrenos dedicados al tubérculo


cee / la voz

«E que íamos facer? Compralas, coma todos», responden casi con las palabras calcadas los vecinos de San Martiño de Ozón cuando se les pregunta cómo hicieron para paliar la prohibición de plantar patatas, a raíz de que en la Semana Santa del año pasado se detectase, por primera vez en la Costa da Morte, la plaga de la polilla guatemalteca (Tecia solanivora).

La vida tranquila de la aldea muxiana, con mayoría de jubilados y trabajadores del campo, solo se ha visto interrumpida en los últimos años por la instalación en el antiguo monasterio de una cooperativa que acabó convertida en un foco de constantes conflictos y por la presencia hace ahora algo más de un año de los técnicos de Medio Rural recogiendo todas las patatas almacenadas y sembradas porque había que destruirlas. Sin embargo, ayer, solo los hórreos vacíos, una trampa de las colocadas por la Xunta para ver la evolución de la plaga y los terrenos baldíos o sembrados con otros cultivas, recordaban todo aquel revuelo.

«Nada, un traballo menos. Xa sabemos que non se poden plantar e punto», explicaba la vecina que tiene la trampa en la finca contigua a su casa, que vio como se la llevaban los temporales del invierno y desde la Xunta volvieron a reponerla. Incluso dio lugar a una anécdota simpática, porque la panadera se sobresaltó al ver en ella «un bicho negro grande», pero cuando acudieron a verlo juntas comprobaron que «non era máis que un abellón».

Otro de los residentes -el primero, cuya hija dio la voz de alarma, no se encontraba en casa porque está de vacaciones- ni siquiera tiene claro que esta prohibición de cultivar les haya perjudicado, «porque se lle botas contas ao abono, o gasóleo e o traballo, xa case non sei se non sairá mellor compralas». De hecho, ellos esta campaña las estuvieron cogiendo a 14-15 euros el saco de 20 kilos.

Un par de euros más le están costando a Francisco Yáñez Lema, también en el mismo entorno del núcleo, a escasos metros de la iglesia, a quien la experiencia le ha servido para descartar el cultivo. «Eu non as boto máis, porque me deu moitísima rabia ter que arrincalas», señala este vecino, que la pequeña extensión que dedicaba a patatas cada año la tiene sembrada con coles, berzas, cebollas y otras hortalizas.

«Tamén dixeron que as ían pagar e nós, polo menos, na conta non vimos un céntimo, de momento», afirma Francisco, al que tampoco le preocupa en exceso ese particular, porque entiende que en algún momento le pagarán lo que tuvo que destruir pero, en cualquier caso, considera que «ninguén se ía poñer rico con iso, con dous sacos de patacas». De ahí que el único recuerdo que le quede sea ese mal sabor de boca, porque él era del que plantaba «das de cedo, xa no mes de xaneiro» y cuando se produjo la alerta ya tenía todo el terreno trabajado.

Aunque el caso de Ozón resulte simbólico, porque allí se detectaron las ya famosas polillas, la situación es idéntica en el conjunto del municipio, donde aún no está claro cuando se podrán volver a plantar patatas. En enero aún seguían apareciendo insectos de este tipo en las trampas, lo que deja claro que la plaga aún no está erradicada.

El control de la polilla le ha costado ya a la Xunta más de dos millones de euros

La Xunta, según aseguró el mes pasado en el Parlamento el director general de Agricultura, Silvestre Balseiros, ya ha abonado más de 170.000 euros en indemnizaciones a unos 1.200 afectados e inició los trámites para pagarle otros 100.000 a medio millar de vecinos de Muxía, que tuvieron que entregar sus cosechas, la semilla del año pasado y lo que ya tenían plantado. En total, el gobierno autonómico lleva invertidos ya más de dos millones de euros en el control de la plaga, que parecen dar algún resultado porque la cantidad de polillas recogidas en las trampas está descendiendo. Eso sí, hay que tener claro que deben pasar dos años desde que se detecte la última hasta que se levante la prohibición de cultivo.

Por el momento en los municipios de la zona tampón: Cee, Corcubión, Camariñas, Carnota, Dumbría, Fisterra y Vimianzo, los particulares deben seguir registrando sus plantaciones. Tienen de plazo hasta el próximo 31 de mayo.

La guardia alta

La respuesta de los vecinos de Muxía ha sido ejemplar. La Xunta, aun con algunas críticas, también ha actuado con celeridad y de acuerdo a los protocolos establecidos. Sin embargo, todo eso no significa que el problema esté resuelto, ni mucho. Hacen falta años para asegurarse de que un problema de este tipo, que puede convertirse en una amenaza seria, pase a la historia, por lo que conviene no bajar todavía la guardia.

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