La debilidad jurídica de la empresa agraria limita el desarrollo rural

En el 70 % de las granjas no se separa la responsabilidad personal de la económica


carballo / la voz

Tres cuartas partes de las empresas del sector primario de la Costa da Morte pertenecen a lo que jurídicamente se conoce como personas físicas, simples autónomos que no tienen separada la responsabilidad personal de la económica. Es decir, si su negocio va mal, tienen que hacer frente al problema con su patrimonio personal. Alfredo Areoso Casal es abogado y miembro de la entidad Terra e Leite y ha puesto de manifiesto en varias charlas que una estructura empresarial de este tipo limita mucho las posibilidades de crecimiento del sector, que es fundamental en la comarca.

El otro 25 % de las granjas son SAT (sociedades agrarias de transformación) una fórmula que se hizo muy popular, pero que no resuelve los problemas, puesto que se trata de entidades civiles y no mercantiles, como las sociedades limitadas, que son una rareza en la zona, pero que garantizan la continuidad de las ganaderías e incluso la estructura territorial, puesto que lo que se reparte entre los herederos son participaciones y no pedazos de la compañía y sus parcelas.

Otro problema de las SAT es que se exige que haya tres socios. En las otras el número mínimo es uno, pero acepta todo tipo de variantes.

Modelos con normas del siglo XIX

Para Alfredo Areoso, las ganaderías, que mueven grandes cantidades de dinero, se están quedando atrás. No hay formas jurídicas modernas para este tipo de empresas más allá de las sociedades limitadas, que exigen una mayor tramitación aunque cualquier gestoría puede crearlas. «Se ven en distintos sectores, pero no en el agrario, donde se mantienen las sociedades civiles que están regidas por normas del siglo XIX, mientras que las mercantiles han sido renovadas adaptándolas a las necesidades actuales.

El abogado recomienda hacer una revisión de la situación jurídica de cada empresa agraria y darle la forma que sea necesaria para su desarrollo, sobre todo porque lo que valía hace 20 años puede suponer un lastre en la actualidad.

Con respecto a las SAT, la seguridad jurídica es mucho menor, pero son más fáciles de formar, por lo que han sido las elegidas por muchos ganaderos.

«No momento de transmisión da herdanza volcamos todo nunha sociedade, que é a fórmula máis práctica»

A Devesa, en Langueirón, es una sociedad limitada desde hace casi diez años. Fue a raíz de la transmisión de una herencia, cuando los propietarios de la granja decidieron constituir una sociedad limitada para hacer las cosas más sencillas. Es una de las pocas de este tipo que hay en la Costa da Morte.

Para Xusto Sánchez, que es uno de los propietarios, con este sistema es la empresa la que responde y no cada uno de los socios con su patrimonio. «Ademais está capacitada para avalar calquer préstamo», explica.

Considera que los ganaderos no están demasiado bien asesorados y afirma que en la SAT se dan casos en que la sede está en un pueblo de Sevilla. «Ao final fan un copia e pega e nin sequera cambian o domicilio social, eu xa sei de varios casos», aclara.

Se trata de anécdotas que ponen de manifiesto que pocas veces el sistema de la sociedad se adapta a las necesidades del ganadero. Se trata de empresas que mueven mucho capital y que tendrían que buscar la fiscalidad que les resulta más conveniente y, sobre todo, una gestión económica clara.

Para este ganadero de Ponteceso, la sociedad limitada facilita la transmisión a los hijos, porque lo que se reparten son participaciones sociales.

«Nós temos as terras tamén, polo que non hai división, todo queda na mesma empresa o único que cambia é a participación na empresa», aclara el empresario.

Además, destaca la necesidad de que la sociedad sea práctica y recomienda que se ponga todo por escrito para evitar situaciones sin salida. La llamada cláusula de oro es una de ellas, puesto que otorga una ligera ventaja a uno de los socios, suficiente para que el poder de decisión se mantenga en una de las partes y la gestión no se atasque.

Mucho tiempo

Los cambios son lentos en el agro gallego. Basta con ver cómo se desarrollaron las concentraciones parcelarias, que con honrosas excepciones solían eternizarse (al final, con resultados dudosos). O la mecanización. Las inversiones, en fin, también han llegado en muchas ocasiones sobre la marcha y al final con unos niveles de abandono tan elevados que a veces hacen plantearse si aquellas decisiones fueron las correctas. Así que, pese a que los mundos son otros y la información también, cambiar formas jurídicas va para largo.

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