Los discursos carecen de ideas ingeniosas


El rural se nos muere poco a poco. Las aldeas se van quedando desiertas, con casas, hórreos y alpendres desmoronándose poco a poco y conquistados por las hiedras, primero, las zarzas después y los arbustos a continuación. Y detrás de todo ello, el olvido. Con ellas se desmorona la memoria de la vida que albergaron. Las risas y los llantos que acogieron suenan como un eco del recuerdo de lo que un día fueron y ahora solo se adivina. Eso, a simple vista, porque las estadísticas vienen a ratificar con números lo que la maleza va tapando de verde. El mal se multiplica y avanza lugar a lugar, parroquia a parroquia y municipio a municipio. Solo las localidades que reciben el reflejo de la vida urbana logran mantenerse o celebrar alborozadamente la ganancia de unas decenas de habitantes con respecto al padrón del año anterior. Con todo, esta situación con ser alarmante, no es lo más grave. En las civilizaciones humanas siempre hubo cambios y evoluciones de este tipo. De hecho, el exprofesor carballés Pepe Carballude sostiene que el emperador romano Augusto le encargó a Virgilio las Geórgicas para que ensalzase las bondades de la vida agrícola porque todo el mundo emigraba a las ciudades y dejaban los campos vacíos. Lo peor es la falta de ideas, iniciativas, proyectos o programas que puedan revertir esta situación. Si todas las Administraciones deben, o deberían, emprender políticas para darle la vuelta al calcetín del abandono de los espacios rurales, las locales, también, y sobre todo. Lamentablemente, y salvo excepciones o alguna propuesta puntual, en la política local este tema solo se aborda para tirarle piedras dialécticas al rival o utilizarlo como elemento discursivo que ya roza el tópico para defender, en ocasiones, lo indefendible. Ahora que vienen las elecciones municipales, los aspirantes a sus señorías deberían estrujarse el cerebro para idear y ofrecer propuestas serías para revertir la situación, y no solo en sus concellos. El mal va más allá de una localidad o un municipio, es generalizado. Se echan en falta los consensos locales y comarcales. ¿Donde están medidas o propuestas de calado para toda la comarca y asumidas por todos los alcaldes o, al menos, por la mayoría? Salvo vaguedades y lugares comunes, nadie propone nada concreto, al margen del propio ombligo municipal. Las planificaciones comarcales hechas lustros atrás quedaron obsoletas y ahora no se sabe hacia dónde navega la Costa da Morte. Granjas escuela, aldeas-residencia para mayores, cooperativas, investigación, planes educativos específicos, apoyo a proyectos exclusivos, iniciativas culturales ingeniosas, ganaderías extensivas, biodiversidad forestal... u otras cosas. Algo tendrán hacer, y que se pongan a ello.

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