De Baíñas a Londres, un viaje en el tiempo

«Mis proyectos son fruto de una infancia al lado de la lareira, escuchando historias de la Santa Compaña»


Sentado en la era donde se «mallaba» el trigo o los garbanzos, me gustaría comprender el lenguaje de las piedras para poder viajar milenios atrás, a los primeros habitantes de esta esquina de Europa, para así escuchar a los viejos del lugar contar historias que vagan entre lo real y lo imaginario. El ADN que llevo dentro me invita a contar mis historias en modo gráfico.

Quizá los tres proyectos que vagan en mi mente son producto de esa infancia al lado de la lareira, observando crecer los polluelos y escuchando relatos de la Santa Compaña, de esos momentos con las vacas en el prado e intentando descifrar si había un mundo fuera de esas montañas que rodeaban Baíñas.

Pasar de Baíñas a Londres y París fue como un viaje a través del tiempo, como si hubiera partido en el siglo XIII y, de repente, me encontrase en el XX. Esos dos siglos se fusionaron en una sola molécula y se convirtieron en tiempos de aprendizaje, de descubrir que nada tiene sentido, que todo es avanzar hacia una muerte segura (lo único certero en la vida). El siglo XXI se convierte, en cierta manera, en el ciclo salvador de esas historias para contar; sin el avance tecnológico, seguramente estaría contando alacranes debajo de las rocas del desierto.

Las tres historias que cuento tienen algo en común, y es que no tienen un final previsto:

«From portrait to self-portrait», una historia contada a medias con miles de artistas visuales a lo largo y ancho del planeta. En cierta manera es la historia del arte contemporáneo contada con mis retratos y ampliada con la intervención que cada artista realiza sobre su propio retrato.

El resultado final es una doble imagen con el trabajo de cada artista y mis retratos. Con este proyecto, comenzado en los años noventa, viajé por diversas ciudades: París, Londres, Barcelona, Kathmandu, Pokhara, San Salvador, A Coruña etc. En este proyecto ha tenido la gran suerte de ser ayudado por la Nando and Elsa Peretti Foundations desde su principio.

Por otro lado, «Year 22/22» es un relato de ciencia ficción contado en primera persona, un acertijo de cómo será el planeta Tierra en el año 2222: el cambio climático, los desastres naturales y, sobre todo, la codicia del ser humano, con su ultra capitalismo salvaje. Esa destrucción de los recursos con la finalidad de obtener un rendimiento inmediato. Esa filosofía de: «Todo para mí, y los que vienen detrás que se fastidien». El mundo que dejaremos a las futuras generaciones está diseñado por una masa sin nombre de accionistas que solo se interesan por los dividendos. Las imágenes con las que cuento esta historia son, en realidad, fotos actuales, solo que con una cierta alteración en sus colores.

«Todos somos Ciudad Mujer», realizado conjuntamente con Tsz Man Chan es una historia narrada por mujeres: la cotidiana, la social, la personal. El proyecto, nacido en la República del Salvador, toma su nombre del centro Ciudad Mujer [una iniciativa gubernamental que unifica a todas las instituciones del Estado que prestan servicios a las mujeres en un mismo espacio]

Las personas te marcan

Siguiendo la ruta de los viajes nacen los encuentros que, de alguna manera, influyen en tu mundo y en la manera de contar las historias. Esos encuentros con personas anónimas o reconocidas tensan y destensan tu vida.

Felix Guattary y La Clinique de la Borde (Francia) me descubrieron navegar en el mundo de la locura y cómo la sociedad tiende a estigmatizar al que no piensa en grupo. Muchas veces me sentía el mundo al revés: los cuerdos están dentro y los locos, en el exterior.

Con Jacques Lecoq, en su escuela teatro de París, descubrí el espacio, la economía de la energía: cómo nos movemos e interactuamos con los demás, y de qué manera el ser humano se comporta en grupo (esas manadas de reses que son conducidas conjuntamente hacia el matadero).

Con Elsa Peretti y su fundación The Nando and Elsa Peretti Foundations comprendí el sentido de la vida, de la colaboración y de la amistad: esa construcción de un proyecto que no tiene fin, pero sí un final, que es el legado que deja con su pueblo de San Marti Vell. Esa es para mí, quizás, la joya más personal e imprevista, una joya de muchos años de reconstrucción, sudor, sangre, lágrimas y dinero. Lo que en lenguaje del capital es una «inversión a fondo perdido», en el lenguaje humano es un derrame de generosidad.

Darío, Paco, Sol, Natalia, Charlie, Llibert, Pepe, Eugene, Chino, Veronique, Gabi... y una serie interminable de nombres que me han demostrado que la amistad es más que una palabra.

Un viaje en el tiempo

Después de traspasar el monte Cabral hacia Londres, París, Barcelona o San Marti Vell, hoy me encuentro en la aldea de Mallou, con unas espectaculares vistas a la playa de Carnota y al cabo Fisterra. Trato de hablar con las piedras del monte Pindo, con lo que queda del castro de Mallou y con los petroglifos. Quien pudiera hacer un viaje al pasado con la historia narrada por estas rocas.

Unos apuntes biográficos

Fotógrafo nacido en Baíñas (1954). Comenzó su actividad artística a los 12 años, en el teatro Ditea de Santiago; continuó sus estudios de teatro en Londres y París, participando en diferentes festivales, como el de Edimburgo (Escocia). En los 90 comenzó su andadura en la fotografía, prestando sus servicios a diferentes medios de comunicación españoles. Ha participado en numerosas exposiciones, tanto individuales como colectivas, en Barcelona, París, Tarragona, Londres, Kathmandu, San Salvador, A Coruña, Blainville o Santiago de Compostela.

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