«Nuestro modo de consumo afecta a las sociedades más empobrecidas»

Las ONGD de la provincia de A Coruña lograron impulsar en un solo año medio centenar de proyectos por todo el mundo. Habla de ello María Paz Gutiérrez, secretaria de la Coordinadora Galega

M.L.
Redacción / La Voz

Las organizaciones no gubernamentales para el desarrollo (ONGD) con base en la provincia de A Coruña tuvieron activos en el último año cerca de medio centenar de proyectos de cooperación en el extranjero: la mayoría en Latinoamérica, y el resto repartidos entre África y Asia. En estas iniciativas se movieron más de 4,3 millones de euros, destinados a mejorar la calidad de vida de más de 77.000 personas. Son datos que proporciona la Coordinadora Galega de ONGD, que agrupa a un total de 46 entidades de la comunidad.

La mayoría de las entidades reparten su sede entre A Coruña y Santiago, aunque también hay organizaciones sin ánimo de lucro que actúan desde puntos menos céntricos de la provincia, como Egueire, que desde Cee ayuda al desarrollo en Costa de Marfil, gracias a la colaboración de los asociados y a donativos populares, además de las diferentes actividades que impulsan cada año.

Alejandro Quiñoá, presidente de la coordinadora, afirma que los principales sectores de trabajo de los proyectos impulsados por las oenegés no distan mucho de las prioridades que hay ahora mismo en Galicia: educación, salud, agua y saneamiento, agricultura, pesca, salud reproductiva...

Trabajan, sobre todo, con niños y personas residentes en zonas rurales de esos países; aunque también parte de estas iniciativas han de desarrollarse desde aquí, con labores de concienciación, sensibilización y divulgación.

Una ciudadanía más global

Las asociaciones y fundaciones que integran la Coordinadora Galega de ONGD tienen un nivel de profesionalización alto, afirma María Paz Gutiérrez, secretaria de la entidad y directora de Solidariedade Internacional de Galicia desde el 2004.

«Son organizaciones que apuestan por una cooperación transformadora, que combata que visiones asistenciales y paternalistas en la lucha contra la desigualdad; que incidan en las causas que siguen contribuyendo a generar esta desigualdad; para superar esa distinción entre países ricos y países empobrecidos, entre Norte y Sur. Somos un sector muy feminizado, tanto aquí la base social que nos apoya, que son un 60 % mujeres, como nuestras voluntarias o trabajadoras. Y también las mujeres son las destinatarias principales de los proyectos de cooperación internacional», afirma.

Por eso, agrega María, «todas las organizaciones somos conscientes de que, si no combatimos la desigualdad de género, hablar de desarrollo no es posible. No se pueden poner en marcha procesos de desarrollo si no se tiene en cuenta la situación de especial vulnerabilidad y desigualdad de la mujer; por eso todas las ONGD hacemos especiales esfuerzos en este tema. Si las mujeres no participan en condiciones de igualdad en los procesos de desarrollo, lo único que vamos a contribuir es a perpetuar el modelo de desigualdad entre hombres y mujeres».

Trabajo desde aquí

Además del trabajo en diversos países, resalta el que realizan aquí, donde «contribuimos a promover lo que llamamos una ciudadanía global y más consciente. No podemos prestar apoyo al desarrollo en países empobrecidos si desde el Norte, desde aquí, seguimos manteniendo actitudes que les son desfavorables. Entendemos el problema de la desigualdad como un trabajo fundamentalmente político, que está condicionando la vida de millones de personas, porque las políticas que desarrollamos no tienen en cuenta la desigualdad que generan, o porque no ponen en el centro de la decisión a las personas y al medio, sino que lo que priman son los intereses económicos», sostiene.

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