«Leveinos comprar droga para poder ter unha hora de tranquilidade»

Dos madres, cuatro hijos toxicómanos: más de veinte años de lucha con la ayuda de Vieiro. Casi han claudicado


Carballo / La Voz

María (nombre ficticio) cumplirá el próximo mes 61 años. Tuvo tres hijos y dos de ellos cayeron en el mundo de la droga. Uno murió en accidente y desde entonces su madre arrastra una depresión. Rosa (que tampoco se llama así) tiene 72 y dos varones toxicómanos que no solo le han quitado la alegría de vivir sino que le han limpiado la cartilla hasta el punto de necesitar la ayuda de Cáritas para comer.

Sus personalidades son distintas, pero ambas se consideraban mujeres alegres y sociables antes de que el infierno de la droga destrozara sus vidas. Han tenido en común maridos ausentes (por diferentes razones) y falta de apoyo familiar para afrontar las adicciones de sus hijos.

En este arduo camino Vieiro ha sido casi el único refugio para Rosa y un complemento a su pareja y a su mejor amiga para María, cuyos hijos llegaron a la entidad en el 2004, «aínda que xa levaban unha traxectoria», dice. Ninguna de las dos es capaz de decir cuándo se les empezó a torcer la vida, pero están convencidas de que tampoco podrían haber atajado el problema por más información que hubieran tenido. Ahora viven en cierto equilibrio inestable. Los hijos ya tienen más de 30 años. Uno lleva dos bien, aunque ha desarrollado una esquizofrenia que parece controlada. Otro está en semilibertad con estancias en Teixeiro alternadas con fines de semana en casa y un tercero anda en un centro, lo que no es garantía de casi nada. «Saen e aos 15 días están coa mesma xente», dice su madre.

«Destrozáronme a vida, encontreime inútil totalmente, inutilizada, sen saber a quen acudir. A xente empezou a apartarme»

«Destrozáronme a vida, encontreime inútil totalmente, inutilizada, sen saber a quen acudir. A xente empezou a apartarme, como se eu cometera un delito», resume Rosa. Aunque su principal pena es que su madre muriera «con moita tristeza».

Hace 25 años que comenzó un calvario de mentiras, extorsiones y robos en casa. Nunca hubo violencia física, pero sí verbal. Para enviarlos a rehabilitación a un centro de Zamora tuvo que pedir prestado dinero a Vieiro para los billetes porque los hijos le limpiaron la cartilla que compartía con la abuela haciéndola firmar con engaños. «Vánselles os sentimentos e quedan tan tranquilos», dice Rosa con lágrimas en los ojos.

María logró controlarlos algo más, nunca le robaron, pero hizo muchas cosas contra su voluntad. «Leveinos a comprar droga para ter unha hora de tranquilidade», confiesa. «Dicíame: se me levas vou durmir. E eu facíao», recuerda. E hizo cosas aún más arriesgadas. En varias ocasiones se encontró con José Manuel Vázquez Gómez, el fallecido presidente de Vieiro, vigilando puntos de trapicheo. Ella quería saber dónde compraban e incluso llegó a enfrentarse a su camello, pero dio igual. «Ese non lles vendiu máis, pero buscaron outro», explica.

Ninguna de las dos fue capaz de darle la espalda a sus hijos, aunque hubieran querido hacerlo porque ambas saben que ellos se aprovecharon y nunca les pidieron perdón. Trabajaron para que no tuvieran que robar, aunque todos lo hicieron. «O que lle daba eu metíano no corpo», dice Rosa. Y así por más de 20 años.

Vieiro asistió a 124 hombres y 15 mujeres durante el 2018

Durante el pasado año, la asociación Vieiro prestó asistencia a 139 drogodependientes de la Costa da Morte. La estadística facilitada por la entidad permite hacer un perfil del toxicómano de la zona.

Sexo, estado civil y edad. Las drogodependencias tienen más prevalencia en hombres que en mujeres. Casi el 90 % de los asistidos por Vieiro durante el pasado ejercicio eran varones. Cerca del 72 % de los usuarios son solteros y el 11,5 % están separados. En el momento de realizar la demanda de atención, la mayoría (57,6 %) habían cumplido los 40 años y el 21 % tenían entre 35 y 39, lo que supone que ya llevan mucho tiempo como drogodependientes.

Detalles del consumo y tratamiento. La heroína sigue siendo la droga que genera más demanda asistencial. El 37,4 % la toman sola y un 23 % consumen también cocaína, que es la sustancia principal para el 18 % de los demandantes en Vieiro. La vía de administración casi generalizada, para el 60 %, es por inhalación. Además, un tercio de los usuarios comenzaron a drogarse entre los 15 y los 18 años y más de la mitad, entre los 19 y los 24. El 47 % toma metadona que le suministran en la unidad asistencia de drogodependencias de Carballo.

Situación social. El toxicómano tipo es un varón, de unos 40 años y soltero. Solo ha terminado la enseñanza primaria (el 58 %), aunque casi la cuarta parte, un 23,7 ni siquiera pudieron terminar en el colegio. Más de la mitad reciben prestaciones sociales y de desempleo, pero hay un 23 % que trabajan y un 11 % que viven de la familia. El 42 % ha desempeñado algún trabajo y el 55,4 % comparte casa con sus padres. El 18,7 % vive solo.

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