El turismo de la naturaleza y la etnografía crece exponencialmente y marca el camino


En Carnota acaban de inaugurar un complejo turístico de cabañas que tiene la ornitología como hilo conductor, pero no deja de ser una aguja en el inmenso pajar del turismo de naturaleza y etnográfico que crece de manera exponencial a nivel de toda Europa. «É que estamos falando dun contexto de éxodo rural, no que a xente marcha para entornos urbanos e desconecta desde mundo ata tal punto que nos atopamos con persoas dispostas a pagar por facer turismo botando unha man no traballo da terra. Non estamos falando de ir aos Alpes ver un entorno completamente salvaxe, senón pola valorización do patrimonio, da paisaxe, da cultura, da etnografía...», explica el ornitólogo carballés, Xabier Varela, que pone el ejemplo de sus colegas del norte de Europa, fundamentalmente de Holanda y las Islas Británicas «que viaxan para ver paxaros e dormen, comen... deixan moitos centos de euros nos lugares aos que van e tamén buscan diversidade: ver un castro, un dolmen. ¿Cres que non estarían dispostos a pagar por ir ao un sitio no que poden ver unha manada de cabalos mostrencos polo monte?», se pregunta de manera retórica.

Aquí está la clave para el veterinario ceense César Pérez Martínez, que ha participado en varios proyectos de recuperación de usos tradicionales del monte y conoce ejemplos exitosos, como el de Friol, «onde hai un plan de explotación, un pouco de todo e non hai incendios». Por ahí va su apuesta, por el aprovechamiento diversificado de los montes mancomunales, desde una óptica que incluya también el apartado turístico, como forma de conservación y rentabilización.

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