La industria ofrece contratos con la leche por debajo de los 30 céntimos

Los acuerdos, que se han adelantado este año, reflejan el interés por desestacionalizar la producción y adaptarla al mercado


carballo / la voz

La campaña láctea termina en marzo y comienza en abril. La obligación de firmar contratos entre productores e industria poco ha cambiado las cosas, excepto este año. A estas alturas ya hay muchos ganaderos de la Costa da Morte que han llegado a un acuerdo, un mes antes de lo que es habitual. A pesar de que ha sido la industria la que ha tomado la iniciativa, no ha habido subida en el precio de la leche, que se mantiene por debajo de los 30 céntimos.

Entre las primeras marcas en dar el paso está Lactalis, que ha propuesto una subida a muchos de sus ganaderos. Si hasta ahora tenía los 0,28 euros como base, ahora ofrece 0,29, aunque se trata de un incremento engañoso. «É unha suba teórica, porque a prima de cantidade era de 20 euros por tonelada e agora é de 15», explica Jesús Perfecto Fernández, de Olveira.

También se ha sacado de los contratos la especificación de la cantidad de kilos que está dispuesta a comprar la industria, que hasta ahora coincidía con la cuota que tenía la explotación. Algunas compañías, como la que abastece a Mercadona, penalizaban a precio de leche en polvo todo lo que se pasara de lo pactado. El adelanto en los contratos y la eliminación de la cláusula, indican que no hay excedentes.

Sin embargo, los acuerdos incluyen las herramientas necesarias para la desestacionalización de la producción, que aumenta en la primavera. Algunos contratos establecen duras penalizaciones para el exceso de leche de marzo a junio y priman cada litro al final del verano, que es la época que más interesa para la venta, puesto que comienza el curso escolar. Sin embargo, para los ganaderos el verano puede ser complicado. «As horas de luz e a temperatura marcan diferenzas na calidade e cantidade do leite. Tamén nos partos, que son moito máis complicados no verán», explica Eladio Lavandeira, de Zas.

Tampoco para los que están en ambos lados resulta fácil la situación. Melchor García Iglesias, es gerente de Coreber, una cooperativa que tiene su propia industria. Todavía no han empezado con los nuevos contratos, pero tiene bastante claro que no se pasarán de los 30 céntimos, si llegan a ellos.

Mientras, en Erboedo, José Manuel Suárez y María del Pilar Barrigón venden el ordeño de dos jornadas a 1 euro el litro, ya que tienen su propia planta de envasado. Los otros cinco días, por la leche les pagan 28 céntimos.

«Tiña 20 anos e miraba aos de 40 e vía un montón. Agora teño 42, miro aos de 20 e non vexo ningún»

El desaliento ha vuelto a ocupar un lugar privilegiado en la mente de los ganaderos de la Costa da Morte. Eladio Lavandeira es uno de los ganaderos más jóvenes de la zona y se lamenta de que no haya veinteañeros que quieran hacerse cargo de las granjas. «Eu non lle recomendo a ninguén que o faga», explica.

José Manuel Suárez, de A Laracha, tampoco tiene hijos que quieran continuar o que le ayuden. Vende directamente parte de la leche que produce y quiere reducir el número de vacas, optar por el pastoreo y aumentar el envasado propio que ahora casi le da el mismo dinero que la industria, a pesar de que a Lactalis le vende tres veces más de lo que transforma en su explotación. El problema es que no encuentra al menos un empleado para poder crecer.

La tendencia para mejorar en calidad de vida y mantener la viabilidad del negocio parece estar en aumentar la calidad y disminuir la cantidad. Víctor Gómez, de Muxía, se ha pasado con sus socios a la leche ecológica. Ha reducido el número de animales y la cantidad de leche producida, pero le pagan mejor cada litro, aunque el base sigue siendo de 29 céntimos. «O traballo é máis moderado, organízaste doutra maneira», explica. En este caso, el contrato es por 5 años.

Sin embargo, en la zona prima la ganadería intensiva por la falta de terrenos y, sobre todo, por la necesidad de producir más leche para que cualquier ínfima subida salga a cuenta.

«Muximos de 2 a 5 veces ao día, dependendo de cada vaca. Elas mesmas son as que van ao robot, segundo as súas necesidades», explica Jesús Perfecto Fernández, de Olveira.

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