Mi barricada


Esta semana amanecimos con la noticia de la ya famosa pintada perpetrada por uno o varios enfermos en el mural del instituto A Cachada de Boiro a favor de la Manada y contra el feminismo. Ya están aquí.

No quiero hablar de los autores. Bastante castigo tienen ya con la vida incapaz que les espera. Detengámonos en el monstruo que hemos desarrollado entre todos. Hemos sido muy laxos y timoratos, no cabe duda. Este mismo que escribe lo ha sido. No hemos parado los pies a tiempo a los que defendían mamarrachadas como la de «ni machismo ni feminismo, igualdad». El feminismo existe precisamente como autodefensa contra el machismo rancio, casposo y secular que campa ahora libre y desbocado. Muchos hemos permitido que casos puntuales y/o personales nos distrajeran de la auténtica y brutal pandemia desatada. No son cuatro locos: somos todos responsables por acción, omisión o confusión.

Este es un síntoma clarísimo del confuso Estado en el que habitamos, en donde ahora se alza un híbrido compuesto por carnes putrefactas de otros tiempos. Entre «olés», olor a pólvora de caza y cera santificada se gesta Vox. Algunos le llaman centro derecha sin ruborizarse.

Las cartas boca arriba: yo creo en la lucha de clases, el reparto de la riqueza y los servicios públicos gratuitos. Llámenlo como gusten. Ahora su turno: creen en el libre mercado, en Cristo Rey y en que el hombre blanco y heterosexual debe estar por encima de todas y todos. No pretendan hallar aquí subterfugios ni escalas de grises. Si a esto nos ha llevado la ambigüedad yo no construiré una trinchera. He aquí mi barricada.

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