Suiza y Reino Unido lideran el mercado aéreo internacional de la provincia

Ambos países movieron este año más de 382.000 pasajeros entre Lavacolla y Alvedro


Santiago / LA Voz

A falta de los datos de diciembre, son muchos los pasajeros que este año han despegado o llegado en un vuelo internacional. Aunque las operaciones nacionales suponen un 75 % del total en Lavacolla y un 89 % en Alvedro, entre Santiago y A Coruña suman más de 744.000 trotamundos que han sellado el pasaporte en este 2018. Dentro de ese grupo, Suiza y Reino Unido son los países de origen o de destino más habituales. Ambos lideran el mercado internacional de la provincia y mueven a más de la mitad (382.000) de los viajeros extrafronterizos. El lazo que mantienen los emigrantes y sus hijos con su tierra natal explica el alcance de estos dos mercados. Analizando el impacto que tienen en cada uno de los aeropuertos, el más importante por número de pasajeros es el suizo, que solo en Lavacolla atrajo a más de 170.000 pasajeros entre enero y noviembre y se prevé que alcance los 185.000 a final de año. En los últimos siete años, desde que Easyjet aterrizó en Ginebra, no ha parado de crecer, logrando desbancar al Reino Unido de la primera posición (la ocupó hasta el 2011). Hace un decenio, cuando las conexiones entre Suiza y Lavacolla no ofrecían tantas posibilidades, solo viajaban algo menos de 8.000 personas al año.

En el caso de A Coruña, el vínculo con el Reino Unido es más fuerte que cualquier otro, hasta el punto en que supone 8 de cada 10 butacas en operaciones internacionales. El mercado inglés ha ido creciendo y mantiene su hegemonía internacional en Alvedro desde hace 13 años -ha ganado en este tiempo más de 26.000 viajeros-. Hasta el 2005 ocupaba la tercera posición, después de Francia y de Portugal.

«Intento venir en Navidad, es una época muy familiar»

 

 

Ana Quintáns Quintáns es hija de emigrantes. Nació en Suiza y a sus 32 años sigue manteniendo un fuerte vínculo con Galicia, especialmente con el municipio de A Baña, de donde proceden sus padres. Ellos, como tantos otros, se fueron a Zúrich a finales de los 70 en busca de un futuro mejor. Su padre primero fue el primero en emprender la aventura y luego viajaría su madre. Pero nunca llegaron a alejarse del todo de su tierra, como tampoco Ana, que pasa aquí sus Navidades y es una de las pasajeras habituales que engrosa el mayor mercado aéreo internacional de la provincia. Ana recuerda los viajes a Galicia desde que era muy pequeña: «Me acuerdo aún de mi bisabuela. Yo tendría unos 3 o 4 años». Desde entonces, «siempre intento venir en Navidad porque es una época muy familiar y el verano aquí no lo cambio por nada», sentencia la odontóloga. Solo dejó de hacer las maletas a final de año cuando estudiaba en la universidad, porque tenía los exámenes justo a la vuelta, en enero.

Este mes llegó con sus padres y su pareja, el día 21. Hicieron el trayecto en coche. Cuenta que cuando fueron a reservar un billete ya estaban muy caros y no eran vuelos directos, sino con escalas. Pero ha cogido un avión para el regreso, el día 6: «Tengo que irme antes porque empiezo a trabajar».

El viaje es coche es agotador, , de unas 16 horas sin parar a dormir y si no hay contratiempos meteorológicos o de otra índole (Ana y su familia estuvieron retenidos por los chalecos amarillos tres horas en el último peaje de Francia), y en un vuelo directo son solo dos y media. «Muchas familias vienen aún por carretera porque así les sale más barato», y las largas escalas acaban de inclinar la balanza. «No entiendo por qué no hay más vuelos directos en estas fechas tan importantes, porque hay demanda suficiente para llenarlos. La compañía nacional, Swiss, solo opera desde primavera hasta octubre, por ejemplo».

Ana es el ejemplo de cómo un hijo de emigrantes puede mantener el vínculo con su tierra. «De niña, en casa siempre escuchaba hablar en español y estudiaba la lengua en una escuela al salir de clase. Una vez la tuve dominada, antes no para no hacerme un lío, se empezó a hablar en gallego, hasta ahora», apunta. Además, a partir de los 5 años entró en una asociación de danza y música gallega que hay en Zúrich, As Xeitosiñas, en la que es directora de la banda de gaitas. «Mis padres me inscribieron siendo muy pequeña, porque siempre les importó mucho que, aunque hubiese nacido en Suiza, tuviera contacto con gallegos para no perder hábitos y el idioma», señala.

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