«Se non camiñamos cara procesos de ordenación e certificación quedaremos fóra do mercado»

FORO VOZ | MADEIRA, VÍA DE PROGRESO | José Manuel Andrade pide una reforma legislativa «ambiciosa» y que se prioricen los usos del suelo frente a la propiedad


De los dos millones de terreno forestal de Galicia, alrededor de 1.400.000 son de superficie forestal. Solo 220.000 tienen algún tipo de instrumento de ordenación y certificación: «Só un 15 %», explicaba José Manuel Andrade, director de la Fundación Juana de Vega. Y si no nos ponemos las pilas, «quedaremos fóra do mercado», dado que quedará constatada una pérdida de la competitividad respecto a otros vendedores: «Noutros países, os competidores están en torno ao 65 % de certificación».

Las cifras asustan, y aún más si se tiene en cuenta la excesiva parcelación del territorio gallego y la desagrarización del rural, que lleva pareja la aparición de «propietarios fantasma» que ni saben donde están sus fincas heredadas, ni mucho menos tienen el menor interés en mantenerlas limpias y cuidadas. En este sentido, José Manuel Andrade pide una «reforma lexislativa ambiciosa» en la que se dé prioridad al uso del suelo, frente a la propiedad. «Senón, todo o que quedará serán xestas e lume», dijo, tajante, durante su ponencia.

Incentivos fiscales

Opina Andrade, asimismo, que parte del motivo por el que no hay asociacionismo forestal, es la excesiva «fiscalización» a la que se enfrentan. Y dio datos: las cifras pueden variar desde un 8 % de retención a un 33 %.

«Hai que levar capital privado ao campo e se hai incentivos fiscais poderemos atraer un maior número de inversores», señaló Andrade, quien también incidió en la necesidad de revisar los beneficios que dejan los eólicos a los propietarios de las fincas. «En Asturias están nun 3 %; aquí, nun 1,18 %. Iso tradúcese nuns 20 millóns de euros».

Un espectacular proyecto para «poñer en valor» la madera de la catedral de Santiago

El CIS-Madeira, órgano dependiente de la Axencia Galega da Industria Forestal, se encargó de la rehabilitación de varias piezas de madera de la catedral de Santiago.

Durante el proceso, explicó Azahara Soilan, emplearon sofisticados aparatos -como el resistógrafo- para medir el estado y la calidad de la madera, tantos años, e incluso siglos, después de haber sido colocada. Vieron, por ejemplo, que a los yugos de las campanas se les había aplicado una capa de poliéster con el afán de «protegerla» contra la lluvia, más se logró el efecto contrario, favoreciendo la aparición de mohos.

En las cubiertas de las capillas sustituyeron el hormigón colocado en una reforma de los ochenta por una madera similar a la original; y en el baldaquino reforzaron una ingeniosa estructura con la que el arquitecto quiso crear la ilusión de «estar flotando» o sujetado por varias esculturas de ángeles.

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