Maxi Olariaga, habitante de la plaza da Fanequeira

IN MEMORIAM | Ayer emprendió el viaje del que tantas veces nos había hablado en sus artículos, y en estas páginas


El tránsito por este mundo te da la oportunidad de conocer personas extraordinarias, inolvidables; familiares y amigos que dejan huella imborrable; maestros, al fin y al cabo, de los que recibes lecciones con una simple conversación, y que convierten en magnífica clase su interpretación de la vida, en la que la maldad no existe, ni la mala educación. Podría llenar este obituario de calificativos y definiciones sobre la persona de Maxi Olariaga, y probablemente se me quedarían atrás innumerables acepciones, pero ustedes, lectores, lo conocían tan bien o mejor que yo, porque en sus treinta años de publicaciones en las páginas de La Voz de Galicia, Maxi se expuso sin tapujos, transformando secciones como Politecaturas, La Maraña o, la más longeva, Maximalia en poesías, en odas a la reflexión para hacer un mundo mejor, en invitaciones a volar por el país de Nunca Jamás invocando la inocencia de la infancia como remedio para combatir la injusticia.

Ayer emprendió el viaje del que tantas veces nos había hablado en sus artículos, y estas páginas, y este que escribe su obituario, ya sentimos el vacío, un angustioso vacío, pero nos queda la satisfacción de pensar que su vida fue plena, de lo contrario no hubiese sido capaz de llenarnos de la bondad que siempre atesoró, permanentemente dispuesto a echar una mano, aún cuando el aliento dificultaba su habla. Así fue como este lunes se ponía en contacto conmigo para decirme que estaba de nuevo en el hospital, quitando gravedad al asunto, porque lo que le preocupaba era que no podría tener La Maraña a tiempo, pero sí el Maximalia, que ya lo tenía hecho y que este domingo no faltará a la cita con sus lectores, aunque sea en honor del autor, en su memoria, la despedida a una pluma excepcional, fiel.

Maxi era republicano, de izquierdas y del Barça, pero sensato y tolerante, buena persona, genial escritor y músico, comprometido con la cultura y noiés orgulloso de serlo. No era especialmente conocido por su faceta de escritor, pero su poesía fue premiada en 1988 en el concurso del Liceo de Noia, por la obra Testamento para o meu fillo. Toxosoutos publicó dos libros de su autoría, Os días con Lara y Simeón Pantín, inventor da liberdade. La Asociación Cultural Barbantia le otorgó el premio Sereo á Cultura no Barbanza en el año 2016. Aunque siempre le gustó escribir, tuvo una incursión en la música siendo adolescente, incluso editando un single con la mujer de su vida, Gena.

Una de sus primeras aportaciones a La Voz de Galicia fue una necrológica: «Estrellita se nos ha muerto y habita desde hoy la plaza da Fanequeira para siempre. Es esta plaza el último bastión de los noieses de linaje impoluto. De los noieses que bajaban las reses bravas de los montes de Barbanza para luego lidiarlas en el curro por las fiestas de San Marcos y San Bartolomeu, y, uno detrás de otro, se nos están yendo de sus casas a hombros de sus vecinos hasta Santa María a Nova. Yo sé que, nada más caer la noche del sepelio, regresan a la vieja plaza de Noia para seguir invisibles sus disputas, con sus charlas, sus comentarios, sus fiestas y sus labores de cada día». Siempre que pare en Noia, pasaré por A Fanequeira, porque allí habitarás con tus Maximalias.

Maxi está siendo velado en el tanatorio de Outomil hasta las 18.00 horas, que sus restos serán llevados a Santa María a Nova.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

Maxi Olariaga, habitante de la plaza da Fanequeira