«De noite desmontaba o que fixeras por saber se podía confiar»

FOTO CON HISTORIA | Talleres Maikés | Los hermanos Rey Vázquez, los hijos de O Largo, pasaron por el taller de la Casilla para aprender el oficio que fue de todos ellos en algún momento


Carballo / La Voz

La foto

1962. Casi todos los que aparecen en la imagen eran mecánicos, trabajadores de Maikés, que estaba en lo que hoy es la avenida de Fisterra. No lo es Ramón Ramilo, Moncho do Submarino (segundo por la izquierda) que había llevado su camión a reparar, aunque ese taller estaba especializado en coches, aunque en Carballo entonces no había muchos. La mayor parte de los coches que arreglaban entonces eran de americanos y, curiosamente, buena parte de los clientes eran de Coristanco. Había excepciones en la procedencia de los autos, porque también acudía Francisco Catraín, con su recién estrenado Seat 600. 

Los protagonistas

El primero por la derecha es José Ramón Rey Lendoiro, ya fallecido. Ejercía de mecánico y también de contable. Estuvo en el taller hasta que pasó a la Renault. El tercero por la izquierda, sentado en el guardabarros, es José Antonio Rey Vázquez, y colgado de la puerta está su hermano Ramón, ambos son hijos de Manuel Rey Rodo, O Largo, que con 99 años todavía tiene el carné de conducir en vigor (hasta febrero del próximo año). Toda la familia se dedica al mundo del motor de una u otra manera. Entre los dos hermanos aparece otro de los mecánicos que no ha podido ser identificado con seguridad por ninguno de los supervivientes.  

La historia

Era el lugar ideal para aprender el oficio de mecánico. Los cuatro hijos del taxista Manuel Vázquez Rodo, que ahora tiene 99 años y todavía conduce, pasaron por ahí. Maikés era un taller con numerosos aprendices. José Ramón Rey Vázquez, que continúa vinculado al mundo del motor, recuerdan que incluso pagaban para que les enseñaran. Reformaban motores, hacían tareas de chapa o acoplaban frenos y todo bajo la mirada del propietario, que se aseguraba que el trabajo estuviera bien hecho. «Non lle poñas a parte de abaixo, dicía e de noite desmontaba o que fixeras por saber se podía confiar», explica José Ramón. Una vez superada la prueba, uno ya podía acceder a otras responsabilidades, aunque había que tener cuidado porque el jefe era muy exigente. «Cando se enfadaba tembláballe o bigote. Tíñasmoslle un respecto impresionante», recuerda.

No es que hubiera demasiado trabajo porque muchos coches no había. «Xogabamos ao fútbol na de Penedo, cada 20 minutos pasaba un coche», explica.

De los que se hicieron la fotografía con Moncho do Submarino y su camión sobreviven los dos hermanos, a los que después se habían de sumar Manuel y Pedro, que está en Suiza, pero que fue chapista. Manuel es taxista. Si heredan los genes paternos tienen mucha vida por delante. «Vive por cerca do xulgado e vai en coche ata debaixo dun árbol para ler o periódico», cuenta uno de sus nietos sobre su abuelo, que será centenario en mayo. Una vez a la semana va hasta el establecimiento de José Ramón de la avenida de Bértoa, cuyos hijos se dedican también al automóvil, al igual que los de José Antonio.

También recuerda esos tiempos Chelo Amarelle, la viuda de José Ramón Rey Lendoiro. La foto fue tomada solo cinco años antes de que se casaran. El taller no existe desde hace mucho tiempo. Su propietario murió hace más de 20 años. José Antonio Rey Vázquez, que estuvo allí bastante tiempo, se interesó por adquirir el local, pero finalmente no hubo ningún acuerdo.

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