«Moito loitamos no seu día para que fixeran este instituto»

Foto con historia | Interminables sesiones del consejo escolar, pugnas por la compra de los terrenos, colores políticos, cambios en las directivas de las asociaciones... El instituto de Baio tiene mucha historia detrás


Carballo / La Voz

La foto

Manuel Fraga, alcaldes de toda la comarca, los conselleiros de Educación y Sanidade y el propio arzobispo Maximino Romero de Lema, inauguraban el 10 de enero del 1995 el tan deseado instituto de Baio. Años previos de lucha y de docencia en aulas desperdigadas por la localidad, que desembocaban en una jornada festiva en las instalaciones. Fraga Iribarne loaba en su discurso a Romero de Lema, mientras que este confesaba, visiblemente emocionado, que por fin vería cumplido un sueño y una idea que venía persiguiendo desde 1925. María Consolación Caldas Blanco fue la primera directora que tuvo el centro.

Los protagonistas

Celestino Fernández, Manuel Espasandín, José Mira e Isolina González Silvarredonda estuvieron vinculados al instituto por diferentes motivos. El primero, por su papel de concejal (y ahora también docente y secretario del centro), los otros tres por su fecunda labor en la asociación de padres y madres. Una labor que desarrollaron incluso antes de que se inaugurase el edificio actual, cuando los alumnos recibían clase en el polideportivo o en bajos alquilados en el centro de Baio. Manuel estuvo 18 años entre la ANPA del Labarta Pose y la del Maximino Romero de Lema: «Cando marchei déronme unha placa», decía ayer divertido. Trabajos que casi nadie quiere hacer, pero que marcan la diferencia.

La historia

Cientos de escolares atraviesan cada día sus puertas sin conocimiento de lo que en su día se peleó para lograr que Baio tuviese un instituto en condiciones. El IES Maximino Romero de Lema, instituto de BUP por aquel entonces, era inaugurado por Manuel Fraga un 10 de enero del 1995 ante la atenta mirada de decenas de vecinos, alcaldes de la comarca y los conselleiros de Sanidade y Educación. Acudía también el propio arzobispo Maximino Romero, que donó buena parte de los terrenos sobre los que se construyó la institución.

Celestino Fernández, que aún a día de hoy sigue vinculado al centro, estuvo presente ese día. «Recordo que o primeiro que pensei foi na vantaxe que sería para eses veciños que antes tiñan que mandar aos rapaces estudar fóra e que [coa apertura do centro] poderían telos na casa», explicaba ayer.

Familias sin demasiadas posibilidades económicas podrían, por fin, dar un futuro a sus chavales: «O instituto levantou a media de rapaces estudados. Moita xente non podía permitirse ter os nenos internos. Pagaba eu no 91 por dous fillos en ensinanza e 1 no Peleteiro 200.000 pesetas ao mes», relataba José Mira, un histórico de la ANPA del centro, que ayer compartía memorias con Isolina Silvarredonda y Manuel Espasandín.

En el 90/91 se decretó la creación de un centro homologado de BUP, COU y Formación Profesional para Baio y ahí comenzaron las complicaciones. La primera sería encontrar un lugar idóneo para instalar las aulas, que acabarían colocándose entre el pabellón polideportivo y varios bajos alquilados por el pueblo. También deberían conseguir dos millones de pesetas para comprar unos terrenos -precisamente a una sobrina de Romero de Lema- en el lugar en el que se ubicaría el edificio del IES. «Os cartos tíñaos a asociación de veciños, pero tivo que cambiar de presidente para que nolos deran», recuerda Mira.

Buscaron puerta por puerta a más de sesenta estudiantes para que se preinscribieran en el primer curso de BUP y tener así el cupo necesario para poder abrir, y lidiaron, asimismo, con el claustro de profesores de EGB, con el que siempre hubo muy buena «sincronización», como señala Isolina, pero a base de negociar y negociar. «Pavimentámoslle con formigón o exterior, mercámoslle unha televisión...».

Muchos frentes abiertos de cara a lograr un sueño común: «Moito temos loitado para que fixeran o instituto», afirman los cuatro en sintonía. Muchas horas empleadas por un grupo de padres que llegó a reunirse en consejo escolar hasta 17 veces en un solo año, a amedrentar a camellos que trapicheaban a las puertas del colegio o a luchar, en definitiva, por una educación universal y más accesible para todos.

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