Mal año para la píllara en la Costa da Morte, con solo diez crías supervivientes

El ave protegida, con solo 80 parejas en Galicia, tuvo vuelos en Baldaio y A Barra

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Carballo / LA Voz

La píllara o chorlitejo patinegro es un ave todavía poco conocida, y eso que es de los escasos animales que tiene un decreto específico para su protección. Su pervivencia está amenazada, ya que solo quedan unas 80 parejas en Galicia. Y la Costa da Morte es uno de sus santuarios. Tal es el riesgo de desaparición que su existencia motivó que, por primera vez en Baldaio y parte de Razo, hace dos años se prohibió la limpieza mecánica del arenal. Nunca había pasado nada igual.

Pese a ello, y a que se han tomado muchas más medidas de control y vigilancia, la temporada que acaba (la de las aves va en consonancia con el curso escolar y con tantos otros ritmos vitales) ha sido mala para este pequeño pájaro en los arenales de la comarca. Solo han logrado volar unos diez pollos. Seis de ellos, en su principal asentamiento durante bastantes temporadas, Baldaio, fruto de cinco o seis parejas, explica María Vidal, responsable del Grupo Píllara, del área de Zooloxía de la Facultade de Bioloxía de la Universidade de Santiago, que lleva 21 años consecutivos estudiando esta ave. Los otros cuatro o cinco pollos (no se sabe con exactitud) volaron en A Barra, entre Ponteceso y Cabana.

Hay otros lugares con poblaciones pequeñas, pero esta vez sin resultados. Por ejemplo, en Traba de Laxe, donde están localizadas seis parejas, pero no logró volar ningún pollo. Pudieron influir los depredadores naturales y, sobre todo, el mal tiempo, un problema generalizado para la especie. En A Barra, las cuatro parejas identificadas dieron esos cuatro o cinco pollos. En Nemiña, Muxía, este año no hubo crías. Y en O Rostro, Fisterra, tampoco, y eso que había ocho parejas. Es este arenal un lugar complicado, sobre todo por la abundancia de depredadores naturales, desde zorros hasta rapaces.

Pero lo que más ha afectado ha sido el mal tiempo de la primavera y el inicio del verano, que retrasó todo el proceso biológico del pájaro o directamente lo impidió. «Ha sido una temporada rara y mala», resume Vidal. Cayeron las parejas en toda Galicia, y ya no es que abunden, precisamente. Llegó a haber hasta 110. Desde un punto de vista positivo, más o menos se van manteniendo.

Al contrario que otras, no llegan de lejos. Las que se ven en Baldaio suelen invernar cerca, por Ponteceso, o Traba. Son sedentarios, y acuden a otros arenales a criar, en su período de reproducción. Las de Baldaio suelen ser las últimas en marcharse. En todo caso, son muy fieles a las mismas playas, indica Vidal.

Las personas que pasean habitualmente por la playa entre Razo y Baldaio ya están acostumbrados a verlas, pero casi siempre en la arena, cerca de las dunas. Y en Carballo, en los espacios vallados y balizados que protegen sus nidos. Mucho menos en el agua, donde son más habituales los correlimos tridáctilos, muchas veces se confunden: estos van en grupos y suelen buscar los espacios húmedos que dejan las idas y venidas de las olas.

«No es necesaria la limpieza mecánica en las playas»

La investigadora María Vidal, de la Facultade de Bioloxía de Santiago, lleva casi media vida dedicada al estudio de las píllaras, desde que en 1996 comenzó a analizar su hábitat en la playa de Carnota. Vio los efectos devastadores del Prestige y también las medidas de conservación, pero también el decreto del 2014 que trata de garantizar su supervivencia. Las medidas a adoptar son muchas. Porque el problema no es local: «A nivel europeo, la población cae mucho». Uno de los aspectos que ayudan a la conservación es impedir el uso de tamizadoras en la arena: «No es necesaria la limpieza mecánica en las playas», explica, como aspecto general, pero menos para el chorlitejo: las parejas necesitan de este hábitat para subsistir y, además, los huevos están en la arena. Y las tamizadoras «se cargan las playas».

Perros sin control, algo «escandaloso»

Además del mal tiempo y de los depredadores naturales contra los que siempre ha luchado la píllara (y otras muchas especies, porque es ley de vida), ahora tienen que enfrentarse también a los perros sin control, «algo escandaloso», en palabras de la principal experta en la materia, en cuyo grupo colaboran también Senda Nova, Axena y Hábitat, además de la Consellería de Medio Ambiente, encargada de la puesta en práctica de las medidas conservacionistas y de vigilancia. «No tengo nada contra los perros, al contrario, pero son animales, y hay que tratarlos como tales, no como si fuesen los niños de la casa», señala Vidal, para que no perjudiquen el entorno en sus paseos.

Todas las de perder

El medio se ha vuelto hostil para muchas especies. Y el ser humano se ha convertido en uno de los principales peligros. A veces, ni siquiera conscientemente. El chorlitejo patinegro lo tiene difícil. Es un avecilla que pasa desapercibida y lleva todas las de perder. Quedan 80 parejas en Galicia y el paraíso que era la Costa da Morte ya no lo es tanto porque ahora todo el mundo llega a todas partes, además con sus perros, sus máquinas, sus quads, sus motos, etc. Incluso en las dunas.

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