La hija de Ana Belén Varela: «El cáncer lo tenías en la cama y no en los pulmones»

La joven firma una carta para expresar su dolor por el asesinato de su madre, reclamar justicia por el crimen y pedir tolerancia cero contra la violencia machista

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«A ti te toca descansar pero a mí hacer justicia, como te prometí, y voy a ir a por todas, hasta el fondo. Busco, quiero y exijo la pena máxima, porque no creo que nadie, ni siquiera un padre, tenga el derecho de quitarme a lo que más quería en el mundo». Es parte de la introducción que Ivana Gil Varela hace en una carta escrita a su madre, Ana Belén, asesinada este domingo por su marido Julián Gil Pose. El autor del crimen de Cabana se acogió este martes a su derecho a no declarar ante el juez. No quiso decir nada durante la media hora que permaneció en el juzgado y tampoco mostró signos de arrepentimiento.

Ivana escribe una carta donde expresa su dolor por la muerte de su madre y reclama justicia por el crimen. «Belén, tu fuiste víctima, asesinada por tu propio marido, y ahora te toca decirles a todas las que lo necesiten que tienen que actuar por y para ellas y no solo hacer lo que el mundo espera que hagan», escribe, para terminar pidiendo tolerancia cero contra la violencia machista.

Esta es la carta que la joven ha publicado en su cuenta de Facebook:

«Soy la primera en criticar este tipo de textos en las redes después de una pérdida. Pero en verdad siento la necesidad de hablarte, de explicarte, de decirte lo que siento.

No estoy preparada para esto, se me queda muy grande, lo reconozco. Pero hoy noto tanta fuerza ma! La que tú me dejaste, la que necesito para empezar esta guerra. Porque a ti te toca descansar pero a mí hacer justicia, como te prometí, y voy a ir a por todas, hasta el fondo. Busco, quiero y exijo la pena máxima, porque no creo que nadie, NADIE, ni siquiera un padre, tenga el derecho de quitarme a lo que más quería en el mundo, a lo que más necesitaba, a mi otra mitad, a mi princesa guerrera, a ti...que lo hacías todo siempre con tanta pasión, con tanta dedicación... En parte me llevo la satisfacción de que aprovechamos el tiempo en la medida de lo posible, porque en ti veía a una madre y a una amiga, a mi confidente. Siempre detrás de mi asegurándote de que daba los pasos correctos. Teníamos una relación tan pura mamá, tan buena, tan envidiable. Siempre motivándome y la primera en ayudarme cuando todo me podía, porque cuando yo lo veía todo negro tu me enseñabas la claridad y la serenidad... Siempre conmigo, desde un "buenos días firulais" con una foto tonta de Google hasta un "no te preocupes que todo va a salir antes o después" tras un mal examen.

Siempre fuiste mi claro ejemplo a seguir, ejemplo como madre, como esposa y como persona, pero tu gran defecto siempre fue fiarte de quien no debías y tú lo sabías. Te vi caerte y levantarte en situaciones en las que otros no podrían. Fuerte eras, eso nadie lo puede negar, que hasta para matarte lo tuvieron que hacer por la espalda. Me imagino que con la firmeza de tus ojos el pulso temblaría demasiado como para empuñar un arma. Fue la única vez que no te vi levantarte ma, y no porque no tuvieras fuerza, me dijeron que tu corazón era joven pero que simplemente ya no tenía sangre que bombear. Te tenía entre mis brazos y lo único que deseaba era que me contestaras, que me miraras, espero por Dios que por lo menos escuchases lo último que te dije. Que ironía, las veces que te gritaba por lo mucho que fumabas, y al final el cáncer lo tenías en la cama y no en los pulmones.

Ma, te hablo para decirte que hoy te toca ser ejemplo también para toda España, para todo el mundo, para todas las mujeres. Porque me niego a que todo esto pase en vano. Necesito que no seas una más sino que seas ELLA, la que conciencie, la que quite vendas, la que motive, la que haga entender que hay que actuar YA, porque lo que hoy es una amenaza sin credibilidad mañana es una noticia tras una pantalla. Tú desde ahí arriba y yo desde aquí abajo tenemos que gritarlo, ¡TOLERANCIA CERO, DESPIERTA, MUÉVETE! porque es más simple quedarte parada y pensártelo un poco más, hacer poco ruido para que los demás no hablen, no critiquen, ¿para qué? Si esos mismos van a ser los que después en tu velatorio digan un "no sé cómo no hizo algo antes". Belén, tu fuiste víctima, asesinada por tu propio marido, y ahora te toca decirles a todas las que lo necesiten que tienen que actuar por y para ellas y no solo hacer lo que el mundo espera que hagan. No serán ni las primeras ni las últimas, serán heroínas por romper con lo políticamente correcto, por hacer frente a lo que parece que es una regla no escrita, al adoctrinamiento, porque no existe una ley que te prohiba buscar tu propia felicidad. Grítales a todas que tú sabías donde estaba la tuya, pero que esperaste demasiado para ir a buscarla.

Yo estaría orgullosa con todo lo que decidieses porque al final cada uno vive su vida como quiere. Y hoy, que ya es tarde se me atropellan los recuerdos en la cabeza. Ojalá entrara en casa contigo en ese momento, ojalá nos fueramos esa tarde a otro sitio, ojalá te diera mi apoyo al 100% y no a la mitad como lo hice... pero ya no vale de nada, me arrepiento de muchas cosas y lo único que se es que ahora ya no te tengo.

Gracias por cuidarnos como lo hacías, primero tus hijos, después tú, eso lo tenías claro; por enseñarnos los que es el amor incondicional y sobretodo, gracias por ser tú mi madre, ya te dije que de haberla escogido no la habría tenido mejor.

Aunque ya sé que lo sabes no me quedaría tranquila si no te digo una última vez lo muchísimo que tus hijos te aman, mamá.

Toda España está contigo, Belén, hoy y siempre.

¡NI UNA MENOS!»

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m. lópez/ T. Longueira
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Minutos de silencio frente al consistorio de Cabana de Bergantiños

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La cosa no pintaba bien desde hacía tiempo para el matrimonio de Ana Belén y Julián. Ella no era feliz en el seno de la pareja y así se lo comunicó a su marido, pidiéndole el divorcio (trámites que nunca llegarían a iniciar). Él no se lo tomó bien y el domingo acabó con su vida disparándole tres tiros por la espalda con un revólver para el que no tenía licencia, y con sus dos hijos en el domicilio familiar.

El primero en llegar al lugar de los hechos fue un hermano de la víctima, José Iván Varela, que, alertado por su sobrino sobre las cinco de la tarde, salió corriendo de casa de unos familiares para acudir a la llamada de auxilio. «Chamoume o meu sobriño, dende o móbil da irmá, gritando: ‘Corre, corre, ven para a casa!’. Coñezo aos meus sobriños, son os dous moi tranquilos. Non me dixeron de que se trataba, pero ao falarme así xa imaxinei que cousa boa non sería», relata el propio Iván, miembro, además, de la agrupación de voluntarios de Protección Civil.

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