Los alcaldes descubren que invertir en patrimonio es también fuente de riqueza

Algunos concellos empiezan a asumir reivindicaciones ninguneadas durante decenios


cee / la voz

Entre el ya célebre «as pedras non se comen» del entonces alcalde Alejandro Rodríguez, y que su mismo Concello, el de Vimianzo, decidiese invertir dinero en excavar un castro, comprar un dolmen y ahora dos fincas para ampliar acceso al Castillo, han pasado apenas 10 años. Pero en ese tiempo se ha producido -en parte, todavía queda camino por recorrer- un cambio de mentalidad, de visión política y económica que está llevando a varios gobiernos municipales de la zona a invertir en patrimonio. Lo hacen fundamentalmente al abrigo del éxito del Camino y de como esa proliferación de visitantes se está traduciendo en apertura de negocios turísticos, sobre todo alojamiento -ahora están de modo las viviendas de alquileres cortos- y en que esta actividad palíe la rampante pérdida de empleos en los sectores primarios.

El de Vimianzo es el caso más llamativo, porque cuenta con una estrategia clara al respecto, mucho patrimonio a conservar y también cierta disponibilidad económica, pero hay varios ejemplos más. Cabana compró en marzo por unos 40.000 euros la torre la Penela, en la que el grueso de lo que se conserva es del siglo XVII y que ahora quiere hacer visitable para los vecinos, más que nada porque está prácticamente en ruinas, pese a su declaración BIC que viene de 1994. Incluso sin salir de Bergantiños, el Concello de Ponteceso acaba de subastar por el edificio de la Fundación Torres Pujales y se lo ha quedado por 113.000 euros, y hay algunos casos más, incluso de patrimonio natural, como los de las carballeiras de Baio (Zas) y Berdeogas (Dumbría).

Pero ya no se trata solo de compras, sino de iniciativas varias. Por ejemplo, el Concello de Muxía está dispuesto a poner 200.000 euros propios con otros tantos de la Deputación para excavaciones arqueológicas en Moraime y tiene un proyecto para el entorno de la Barca, a expensas de autorización urbanística, que el alcalde, Félix Porto, está empeñado en ejecutar antes de dejar el cargo. En Cee la última obra importante en el caso fue la rehabilitación del antiguo Concello, un edificio con historia, y en Fisterra entre las pretensiones fundamentales del gobierno está gestionar el faro y excavar parte de dos castros para ponerlos en valor.

A todo ello hay que sumar rehabilitaciones, actividades de animación, recreaciones históricas, visitas guiadas,... En definitiva, se ha producido un cambio de dinámica en el que se entrevé que el patrimonio, la cultura en definitiva, es una parta importante para generar actividad económica a través del turismo y nadie quiere perder el tren.

Ahora bien, toda este corriente llega después de un puñado de entidades y particulares que llevan decenios predicando en el desierto y dándose de bruces con las puertas de la administración.

El que fuera concejal de Vimianzo, Moncho Gándara, y el presidente do Seminario de Estudos Comarcais Costa da Morte, Xosé María Lema, hacían ayer un somero repaso por esas batallas: Castillo de Vimianzo, Batáns do Mosquetín, Torres do Allo, Parque do Megalitismo, Penedos de Pasarela y Traba... Lema incluso cita nombres de directores de Patrimonio y técnicos destacados: Raquel Casal, Iago Seara, Ángel Sicar, Felipe Senén,... casi como si fueran familiares, por la cantidad de veces que tuvieron que lidiar con ellos, muchas veces sin éxito y otras con mayor fortuna. Por ejemplo, de Felipe Senén, considera que fue la «persoa salvadora» de los Batáns, uno de los casos que utiliza como ejemplo de «case 20 anos da nosa vida teimando», la suya y la de otras personas que cita como principales impulsores, «porque en Vimianzo había un momento asociativo bastante forte». Recuerda, por ejemplo, la limpieza reivindicativa del día de los Inocentes de 1991 impulsada por Gándara, pero sobre todo incide que desde que empezaron en pelear por los batanes en 1983 hasta que ahora están razonablemente bien gestionados por el Concello han pasado infinitos avatares. Lema incluso resalta un caso más sangrante, «o do Batanciño, que levou 19 anos», cuando se trata solo de una maqueta que la familia Ces, de antiguo batanero de Lousame cedió y que pasó todos esos años guardada en el Forno do Forte antes de llegar a su destino.

Las quejas fundamentales de esta gente que en su día peleó por lo que hoy quien más quien menos ve evidente, van hacia las administraciones, particularmente hacia alcaldes sin sensibilidad alguna al respecto o la Xunta que, por ejemplo, lleva desde el 2011 para articular un plan mínimo de valorización de los Penedos.

«Había algún rexedor que nos dicía: ‘aí están o tolos de Neria tirando os cartos’»

El concejal de Ciudadanos de Cee, Plácido García, recuerda varias batallas por el patrimonio durante su presidencia de Neria, de «cando se lle dicía á xente: ‘aquí non ten nada que ver, para ver algo ten que ir a Santiago’ e había que ir polas portas: ‘ mire señora que nesta casa vella que ten vostede aquí viviu Rosalía». Particularmente, recuerda cuando convencieron a Lendoiro, entonces presidente de la Deputación, para salvar las torres do Allo. «Dixémoslle que como se demorase unha semana máis alí non ía quedar máis que unha morea de pedras», señala.

Xan García Pouso, primero con concejal de Vimianzo y luego como secretario de Neria, tuvo un papel importante en estas luchas, que le reconocen incluso sus adversarios políticos. El recuerda que para mover a cualquier alcalde a un fin cultural «había que llo pedir de favor. Axudounos Ernesto [Rieiro, de Zas] e Lamela [Manuel, exregidor de Cee] o resto o único que che falaban era de facer estradas e había algún, que non vén ao caso nomear porque xa non é alcalde, que nos dicía: «Aí están os tolos de Neria tirando cos cartos», incide García, quien hace una larga lista de logros reñidos: Castillo de Vimianzo, Torres do Allo, Batáns, Ruta dos Faros, arquitectura popular, megalitismo, Ruta do Románico, etnografía... y, por supuesto, el Camino.

Empieza a clarear

El patrimonio histórico, paisajístico y natural es nuestro mayor tesoro. Su puesta en valor, sobre todo con elementos interpretativos de gran atractivo, es fundamental para una actividad como es el turismo. Castillos, iglesias, pazos, arte rupestre, castros, puentes, dólmenes y muchas piezas de la arquitectura, la historia o la arqueología son recursos que generan movimiento cultural y económico. Años atrás no se veía. Ahora empieza a clarear.

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