Susana Gómez: «El abrazo de mi hija era lo que más necesitaba»

Tras 21 días recorriendo Europa desde Noruega a Santiago de Compostela en bici, y con más de 4.000 kilómetros a las espaldas, la ceense ya se encuentra en la Costa da Morte y ha desvelado las claves de su aventura


carballo / la voz

La ceense Susana Gómez Castiñeira (1974) afincada en Lanzarote media vida sumó este lunes un nuevo logro a su lista de aventuras. Llegó a Compostela desde Noruega tras 21 días seguidos pedaleando en bicicleta junto con un compañero. Ultreia Europa, así es como denominó este reto personal, siendo la primera palabra en latín el saludo por antonomasia del peregrino del Camino de Santiago.

-¿Cómo se encuentra después de tres semanas tan intensas?

-Psicológicamente, muy contenta de haber terminado y cumplido el sueño. Físicamente, necesitaré como mínimo un mes para recuperar los niveles normales sanguíneos.

-Partió con el deseo de completar el recorrido entre 20 y 25 días y lo hizo a la perfección. ¿Cuál fue su rutina?

-Los dos primeros días miramos qué distancia podíamos hacer de media diaria. Y decidimos que llegados a los 200 kilómetros o a las 10 de la noche, pararíamos sin forzar más al cuerpo, pues necesita reposo. Entonces, la rutina era levantarse a las 6, desayunar, recoger todo el campamento y a las 8 partir. Cada dos horas parábamos para buscar supermercados y así llevar algo a la boca. Y sobre la una o dos del mediodía comíamos. En cuanto a líquidos, lo normal era beber 6 litros. Llegada la noche, buscábamos un sitio tranquilo y allí estirábamos nuestros sacos de dormir y sacábamos el hornillo para cenar. Y así durante 23 días, salvo 2 que estuvimos parados.

-¿Qué fue lo más difícil de la aventura?

-Para mi, sin duda, los problemas que tuve en una rueda, pues pasé 17 días con una rota. Y eso hace mucho ruído que se hace insoportable durante 15 horas continuadas a diario. A parte, la presión que me suponía de pensar que se iba a romper en cualquier momento.

-¿Y en cuanto al tramado?

-Lo más difícil, aunque parezca impensable luego de pasar por 8 países, fue aquí en Galicia: la subida a O Cebreiro. Ya antes habíamos hecho un esfuerzo grande en Ponferrada, y las 3 horas y pico de ascenso seguido me rompieron las piernas.

-¿Se planteó en algún momento abandonar el reto?

-Si, cuando me rompió la rueda en Francia. Ahí me vino la responsabilidad familiar encima por el hecho de tener que gastar 500 euros en una nueva. Pero cuando vi que era más barato ponerla que venir de vuelta en tren, fue cuando decidí continuar.

-¿Cuál fue su motivación constante?

-Muchas cosas en un día tan largo. Unas, el llegar. Otras, por el esfuerzo ya realizado. Pero, en general, yo soy de que cada pedalada suma; no de plantearse el futuro. Eso si, siempre visualizaba la llegada al Obradoiro y el abrazo que me daría mi hija Susana de 12 años. De hecho, a veces estaba más pendiente de las preocupaciones como mamá que casi de pedalear. En 15 horas, tú sola en una bici, te da tiempo de organizar todo, hasta la vuelta al cole.

-¿Y qué fue lo más espectacular de todo el camino?

-Muchísimas cosas cada día y en el cómputo general. Nunca había hecho nada en lo que el punto de llegada fuera Galicia, mi tierra, y en el que estuviera toda mi familia esperándome, de forma muy planificada. Eso es muy lindo. Y el abrazo con mi hija fue lo más precioso porque era lo que más esperaba y lo que más necesitaba. Pero, es que Europa, atravesarla en bici, es increíble. Paisajísticamente es divino, y disfrutar del ambiente, sobre todo llegando ya a Santiago con los peregrinos, también. Lo que menos, salir de las ciudades, que era un caos.

-¿Tiene ya otra aventura en mente?

-El 2018 todavía no ha terminado. En septiembre me toca correr el ultramaratón de la Costa da Morte, que son 200 y pico kilómetros en etapas. Por el momento quiero disfrutar de estos días con la familia aquí en Cee hasta el sábado, ya que vengo muy poco, de año en año, y el lunes ya toca trabajar.

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