La sexualización de las de diecisiete


Muy popular se ha vuelto el término «sexualización» últimamente. Esas niñas de revista de moda que, de no ser por su estatura, bien podrían pasar por mujeres adultas. Por sus vestimentas excesivamente provocativas. Por sus poses precoces. Muy monas, sí, y muy monos también los modelitos que visten, pero no dejan de ser unas niñas, y ese es un mensaje que no termina de calar.

Menos evidente es la sexualización de la adolescencia. Con dieciséis, diecisiete años, a punto de alcanzar la ansiada mayoría de edad, las líneas divisorias se difuminan, y ya parece que todo vale. Se da por válido que se suba a tres menores a un escenario y se mida con un aplausómetro quien de las tres mueve mejor el culo [no lo lea extrañado, esto ha pasado en la realidad, y aquí en la Costa da Morte]. También se da por válido que las chicas entren gratis a las discotecas [y ellos no], o que las gerencias las inviten a chupitos por el mero hecho de ser chicas.

Sin decir ni el quién, ni el cuándo, ni el dónde, a continuación se relata una situación 100 % verídica. Una verbena nocturna, mucho alcohol y una orquesta muy popular entre la gente joven. Sube una chica al palco que acaba de cumplir los 17, y la banda le canta el Cumpleaños Feliz. Hasta ahí todo bien, pero cuando la joven -visiblemente emocionada por el reconocimiento que acaba de recibir y por su minuto de gloria- se dispone a abandonar el escenario, uno de los cantantes la frena: «Ninguna cumpleañera se baja de nuestro escenario sin perrear sin nuestros dos cubanos». Y ahí se le aproximan los dos músicos, se frotan las manos e incluso bromean con quién de los dos se pondrá «por delante» y quién «por detrás» de la chica. Y ahí van, al lío, a hacerse un sandwich. Se marcan un baile al que resulta incluso incómodo mirar. Llega a ser demasiado privado como para que lo presencien cientos de pares de ojos.

Miradas atónitas por doquier, y no es para menos. Es una menor de edad.

Muy divertida la broma, y un detalle que la suban y le canten por su aniversario ante todo el pueblo. Sin duda será una noche que no olvidará, y que quedará seguro registrada en los Instagram Stories de sus amigos. Pero el asunto deja de tener gracia cuando se convierte al cuerpo de la chavala en un objeto, cuando se la cosifica así sin ton ni son.

¿Y si sucediera a la inversa? ¿Y si fuera un chico el protagonista de esta historieta? Pues sería moralmente criticable, de igual manera. Aunque, seamos sinceros, la mujer sigue siendo la diana perfecta y los números hablan solos: dos de cada diez personas piensan que una mujer que ha sido agredida mientras caminaba sola por la calle «tiene parte de la culpa», por haber sido «poco precavida».

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