Juzgan a la banda que iba a usar una lancha que se guardaba en Cabana

En la Audiencia de Pontevedra tratan de determinar qué papel iba a jugar


pontevedra, carballo / la voz

El 17 de noviembre de 2014 salía de puerto, en Venezuela, el buque Coral I. Lo hacía con 1.245 kilogramos de cocaína en la bodega de popa. Un total de 49 fardos que la tripulación asegura que no descubrieron hasta bien avanzada la travesía, y que los sentaron en el banquillo de los acusados como parte de la organización dirigida por Rafael Bugallo Piñeiro, O Mulo. Un papel clave lo jugaría una lancha ubicada en un astillero de Cabana, una planeadora oculta o camuflada en un pesquero (en el astillero se habían realizado la adaptaciones oportunas), que sería la encargada de dar alcance en alta mar al pesquero y transportar la mercancía. En la Audiencia Provincial de Pontevedra llevan toda la semana con el juicio al Mulo y a otras 16 personas relacionas. Ninguna de ellas tiene relación con Cabana ni con la Costa da Morte, y además los titulares de la nave ya manifestaron en su momento que eran ajenos a lo que había en ella, pues simplemente la había alquilado.

En cinco días de vista ha habido numerosas declaraciones de las partes implicadas, muchas de ellas contradictorias, y en algunos momentos la nave cabanesa tuvo un especial relieve. Sobre todo a través de Jaime Bolados, El Chileno, considerado la mano derecha del Mulo, y al que se le atribuiría, entre otras funciones, las de participar en la construcción de la embarcación en Cabana. Si en un primer momento manifestó que apenas tenía noticias de lo que hacía o iba a hacer el Coral I, en la sesión del jueves señaló que sí habían contactado con él para recoger la cocaína. «Pero no teníamos medios para hacer ese trabajo», señaló. Los demás acusados coinciden: no había medios para viajar hasta el barco.

Una versión de los hechos que la Fiscalía intenta desmontar y en la que todo el protagonismo recae sobre la embarcación en forma de pesquero que O Mulo y su red habrían construido para ofrecer sus servicios al mejor postor.

Es al hablar de la embarcación que escondían en la nave de Cabana cuando El Chileno vuelve a matizar su palabras. Si en un principio se limitó a decir que mostraron la lancha a los sudamericanos para demostrarles que no estaba lista para auxiliar a la tripulación del Coral I, el jueves cambió socorrer por recoger la droga y añadió más información con la que justificar la visita: mostrarles que en un futuro no muy lejano podrían utilizarla en trabajos conjuntos. «¿Qué pasó después de ese encuentro?», le preguntó su letrado. Le respondió que nada. Algo a lo que el fiscal no da credibilidad: entiende la permanencia de un contacto de la rama sudamericana de la organización en Vilagarcía como la constatación de un pacto entre ambas partes para llevar el plan adelante e ir a buscar el alijo que fue intervenido en altar mar en enero de 2015.

El estado de la embarcación será clave. Una de las estrategias de la defensa pasa por demostrar que, aunque hubiese delito, este no se habría consumado por falta de medios. La Fiscalía pide 24 años de prisión para O Mulo y diecinueve años y medio para cada uno de los restantes acusados.

Pruebas de la Fiscalía

El juicio continuó con las pruebas solicitadas por la Fiscalía. Declaró ante el Tribunal el jefe del grupo policial que se encargó de llevar a cabo la investigación, quien detalló como comenzaron los seguimientos a O Mulo y a su organización y como estos les llevaron hasta la nave de Cabana. Una nave que, tal y como sostuvo, reúne características esenciales para las funciones que determina que allí se estuvieron realizando: el espacio ocupado había sido un astillero y tenía acceso directo al mar. Además de una finca desde la que era fácil llevar a cabo labores de vigilancia para comprobar que nadie estuviese observando. El testigo añadió que «colocaron una lona de plástico que impedía visibilizar las maniobras que se hacían en el interior, al tiempo que facilitaba una evacuación en caso de necesitar salir corriendo».

Aunque habrá informaciones periciales al respecto en los próximos días, el inspector afirmó que al realizar el decomiso de los bienes de O Mulo comprobaron que la embarcación funcionaba sin problema.

«En el trasladado judicial fue navegando», apuntó. En esta línea, el fiscal mostró un cedé de este momento en el que puede verse la embarcación en el agua. Para las defensas, por su parte, el matiz está en cuántas millas podría recorrer. El testigo hizo también referencia al hecho de que tuviese combustible en su interior y a las comunicaciones por radio: «Estaban a la espera de acordar unas coordenadas a las que ambas embarcaciones pudieran llegar».

Declaraciones policiales

Hay una palabra clave en las declaraciones de los agentes de Policía que acudieron ayer a la Audiencia Provincial de Pontevedra para ofrecer su testimonio sobre la vinculación de Rafael Bugallo con el alijo: los seguimientos.

Estos seguimientos se habrían iniciado vigilando puntos estratégicos: la casa O Mulo y el bar Manhattan, en Cambados, estuvieron en el foco de la Policía desde que comenzó la investigación. Detalló también que fueron estas vigilancias las que les permitieron llegar a Cabana, donde los acusados escondían la planeadora camuflada de pesquero.

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