El recuerdo de la vida rural se mantiene en pie con los palomares

Pazos, casas grandes y rectorales los tenían porque los pichones formaban parte de la dieta de los pudientes


carballo / la voz

Las casas importantes, ya fueran de agricultores con dinero, nobles o curas, tenían su propio palomar de donde obtenían tiernas aves para la comida. Con el tiempo, la costumbre de criar palomas se fue perdiendo y es probable que muchos vecinos, sobre todo si son jóvenes, ni siquiera sepan para qué sirven estas construcciones, casi siempre circulares, que se encontraban a cierta distancia de la casa.

Los palomares son una construcción muy típica, en el interior tienen una serie de huecos para acoger a las aves, que entraban y salían libremente del recinto. Se trata de un elemento de la arquitectura civil muy característico de la zona rural.

En la Costa da Morte la mayoría se mantienen en pie e incluso hay algunos bien recuperados. No son como los hórreos, considerados Ben de Interese Cultural con más de 100 años de vida. Se tratan de elementos etnográficos que, como los molinos, deberían tener algún tipo de protección y que sirven para conocer como era el modo de vida de los habitantes del campo.

Los palomares de la zona no están en buenas condiciones, pero pocos acusan ruina. La inmensa mayoría están sin uso y solo el de O Couto ha sido rehabilitado, como el resto del conjunto de la casa rectoral de Cospindo, que ahora acoge la Fundación Eduardo Pondal. El palomar de su casa también está cuidado.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

El recuerdo de la vida rural se mantiene en pie con los palomares