«Levaba as tortas do conserxe e de meu pai, que eran as que máis me doían»

«Houben de morrer dúas veces afogado na ría e sempre me salvou meu irmán Manuel. Sen el, eu hoxe non estaría aquí», recuerda Rama Tedín .


Carballo / la voz

«As tortas levabaas de do conserxe e de meu pai», dice Juan Antonio Rama Tedín (A Carballa, 1961). En realidad, quien intentaba ponerlo en vereda era la misma persona, alguien a quién el mismo acabó sustituyendo cuando murió. Entonces Juan tenía 25 años, se acababa de casar y trabajaba para su suegro, «sen contrato nin nada». No dudó un instante en aceptar él mismo trabajo que hasta ese momento había desempeñado su progenitor. Para entonces toda su vida había discurrido en el pequeñísimo entorno de A Carballa. Allí nació, en la pequeña casita expropiada para hacer el paseo fluvial, allí estudio y allí trabaja. También estuvo a punto de morir allí, ahogado. En las dos ocasiones lo salvó su hermano Manolo. Una vez se tiró de un bote con 8 años sin saber nadar y la segunda, se lo llevaba el mar en A Telleira, de donde era su familia. Tenía 12.

Juan estaba muy orgulloso de ser el hijo del conserje y que hacer su trabajo cuando se ausentaba. «Saía da clase para tocar o a sirena cando el non estaba», explica. Las cosas han cambiado mucho, dice. Había más respeto. «Meu pai era o señor Rama e eu son Juan e para os máis cativos, Juanito», añade. A pesar de esa familiaridad y ese cariño reconoce que es muy recto con los estudiantes. Desde 1999 se los ha llevado de excursión de fin de curso. «Téñolles o alcohol prohibido, mesmo aos de 18 anos, que xa houbo algúns e as dúas e media como moi tarde van para cama», explica.

La primera excursión fue a Madrid y la segunda, a Mallorca. «Xurei que non volvía, foi un desmadre total», recuerda. Cambió la isla por Asturias y Santander, quizá para aplacar los ánimos y a partir de entonces el destino siempre ha sido Salou. A pesar de la fama que tiene la localidad tarraconense, los viajes siempre han sido tranquilos. «Eu xa lles digo: non vaiades con idea de marcha nocturna».

Con unas normas tan claras, pocas anécdotas puede haber vivido Juan Rama en las salidas escolares, pero alguna tiene. En uno de los regresos desde Barcelona se quedaron sin autobús en Lérida a causa de una avería, pero los recogió el de un colegio de A Mariña lucense que pasaba por ahí y tenía libres justo los asientos que necesitaban. En Burgos se bajaron y cogieron el vehículo que les habían mandado desde Galicia.

Familia

Juan tiene dos hijos, pero a parte de su familia, «a miña vida son os alumnos, os milleiros que pasaron por aquí». El más mayor tiene ya 44 años y muchos son sus amigos en el Facebook. Es en las redes sociales donde se nota su popularidad. Pero la situación cada vez va a menos. Cuando él empezó a trabajar había 600 estudiantes de entre 6 y 14 años y ahora apenas son 200, y de 3 a 17 o 18 años.

El conserje de As Revoltas no solo se ocupa de organizar excursiones, incluso de aventura como el descenso del Sella, si no que además lleva el comedor escolar. Tiene para gastar menos de 3 euros por cada alumno, pero reconoce que lleva tanto tiempo en esa labor que ya no le resulta complicada. «É sinxelo de manexar cun bo programa de contabilidade e tamén trato cos provedores», explica. Incluso la elaboración de menús, que es el martirio del ama de casa, le resulta sencillo y eso que él no comulga con los gustos de los estudiantes. «Busco o xeito de que lles guste. Non se pode comer polbo tódolos días e algúns hai arroz con salchichas e ovos, que lles encanta. Tamén os macarróns con tomate e eu non podo con eles ou os espaguetis á boloñesa, que non soporto, pero na vida lles puxen unha hamburguesa», señala.

«Cando foi do atentado veume á cabeza as veces que pasei polas Ramblas cargado de nenos»

El día del atentado de Barcelona, a Juan Rama le corrió un sudor frío por la espalda. Desde el 2003 la capital catalana ha sido uno de los destinos del viaje de fin de curso de los alumnos de As Revoltas. «Veume á cabeza as veces que pasei polas Ramblas cargado de nenos», recuerda. El recorrido era siempre igual, hasta el mercado de la Boquería para enfilar en dirección a la catedral, por el barrio gótico. El próximo año la sensación, seguramente, será distinta.

«Para nenos que nunca saíron de Cabana, Port Aventura é o máis chamativo, pero tamén o metro», explica, aunque señala que les es igual estar allí o en Punta Cana. «O que lles encanta é estar no hotel con piscina, todos reunidos. O dos monumentos non lles entra», reconoce.

A pesar de todo, Juan Rama sigue programando visitas a la casa Batlló, al parque Güell o a la catedral. Ni siquiera el Camp Nou les impresiona. «Cando eu estaba na escola todo era chamativo, novo, pero agora saben de todo. Veno na televisión ou Internet», señala.

Nada que ver con su niñez y juventud compartida con cuatro hermanos en una diminuta casita junto a la desembocadura del Anllóns. Entonces, para ver un programa tenía que ir al bar.

Ahora vive en Vimianzo, pero todos los días del curso ve la desembocadura del Anllóns y el monte Branco al fondo. Ya aprendió a nadar.

Lleva tantos años en As Revoltas que es una pieza clave para el funcionamiento del centro educativo, pero asegura que había mucho más respeto por su padre. «Naquelas épocas había moito máis, pero os rapaces de Cabana son moi bos», dice.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
16 votos
Comentarios

«Levaba as tortas do conserxe e de meu pai, que eran as que máis me doían»