Crónica de un desbarajuste


Es lamentable y condenable que alguien, amparándose en el naufragio del pósito malpicán, exprese su ira con pintadas aberrantes en la Casa del Mar. Las opiniones, incluso las de los más perjudicados, deben tener otro escenario y sin daños. Ahora bien, la situación de la entidad no es más que la crónica de un desbarajuste de años. El fin era adivinable por el camino que llevaba. Es difícil buscar culpables porque hay demasiados, incluidos los que eluden la lonja para evitar los controles administrativos. Aunque un problema sectorial, el de los armadores y pescadores, la deriva es de preocupación general. Los primeros damnificados son los trabajadores, pero el perjuicio es para todo el pueblo. Las cofradías son corporaciones de derecho público. Su destino y suerte preocupa a todos. Su gestión, si fue errada, también. El pósito, sus servicios, sus instalaciones y todo lo que mueve recibieron cantidades fabulosas de dinero público. No se entiende tanta opacidad por parte del cabildo. Hace falta ventilación.

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