Divinos


Cuando el General Franco imponía en España su incontestable cetro militar, en Estoril residía Juan de Borbón, padre de Juan Carlos de Borbón y abuelo de Felipe de Borbón. En aquellos días, muchos españoles que sufrían la dictadura y acallaban en público los gritos del corazón sometido por las armas y el miedo, veían en aquel Juan de Borbón exiliado, la esperanza de que un día pudiera retornar la democracia violada por los golpistas en 1936. A través de los medios de comunicación extranjeros (Radio París y la BBC de Londres en sus emisiones en español y la inefable y encendida Radio Pirinaica), uno podía enterarse de lo que la censurada prensa nacional no podía comunicar ya que, saltarse la versión y las consignas oficiales del régimen, podía suponer el cierre e incluso la desaparición del medio que osara transgredir su durísima ley del silencio. Por eso aquel Juan de Borbón se convirtió para muchos españoles en la esperanza blanca, en el sueño que entonces parecía inalcanzable. Emprender el deseado viaje hacia la libertad.

Este periódico, días atrás, en su sección Hace 50 años, nos recordaba unas palabras de aquel rey sin reino: «Ofrezco una carga de deberes y derechos que, por voluntad de Dios, recaen sobre mi persona». Las monedas de curso legal del franquismo también expresaban esta idea: «Francisco Franco Caudillo de España por la Gracia de Dios». Don Juan de Borbón se creía tocado por el dedo divino. Y la saga continúa. ¿Cuándo seremos verdaderamente libres? Me temo lo peor. Libres... ni votando, aunque por ahora y, a pesar de las mordazas y los nostálgicos del General, nos queda el derecho al pataleo.

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