Lo estás haciendo bien


Otra vez toca salir de la cama. Los primeros rayos de luz traen las primeras zancadillas, difíciles de esquivar por el insomnio. Tú lo has intentado. De niño hasta contabas las estrellas por la noche, pero ahora no. Ahora solo cuentas sueños rotos. Demasiadas traiciones, demasiados disgustos, demasiados miserables, demasiados «demasiados». Vives suicidado en este purgatorio.

Ya no quieres a tu mujer, o crees que tu marido te engaña, o llevas mil años en una carrera que odias, o tu jefe es un imbécil que te explota, o has engañado a todos comenzando por ti. La vida te dio unas cartas de mierda, o unas cartas de puta madre, pero las jugaste fatal y lo que tenías o lo que se esperaba de ti se ha convertido en tu nudo corredizo. Reúnes el valor para apartar las sábanas.

Te levantas del colchón. Los gigantes acechan y todos los malditos locos te dicen que solo son molinos. Pues para ti son gigantes y sus aspas duelen y Rocinante está mayor... Luchas con ellos todo el día, en el atasco, en el curro, en la facultad, en el bar. Después de los ardides de la jornada volverás a casa, molido, mil veces juzgado y cada vez más lejos de las constelaciones que contabas de pequeño. En tu alma siempre es lunes. En tus lunes nunca queda alma.

Palpa tus cicatrices, piensa en todos los días que has peleado, que no te has rendido. En este laberinto existencial eres el minotauro y tu corazón sigue latiendo. ¿Sabes qué? No te lo dicen, siempre han preferido señalar tus errores, pero no lo estás haciendo tan mal. De hecho, lo estás haciendo bien. Lo estás haciendo bien.

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