La resaca de la Mikaela dejó un enorme rastro de basura en la zona

Las celebraciones del sábado se hicieron notar por la mañana, cuando hubo que retirar más de siete toneladas de residuos


Carballo / La Voz

La Mikaela de Buño llevó a cientos y cientos de jóvenes a disfrutar de una jornada llena de disfraces, alcohol y diversión. Desde primera hora de la tarde, ya había gente bebiendo por las calles de la localidad, donde numerosos puestos de comida ambulante se preparaban para alimentar a los hambrientos. Con todos estos ingredientes, era inevitable que el resultado no se acabase traduciendo en toneladas de basura tras los festejos.

Fueron más de 7.000 kilos los que se recogieron el domingo por la mañana. En total, se llenaron unos 30 contenedores de desechos orgánicos y ayer todavía se recogieron las bolsas sobrantes. Un bagaje final que denota la falta de civismo de los convocados a la celebración. Si bien, los objetivos y tradiciones de la fiesta estaban claros -pues una peregrinación de bar en bar incita a ingerir grandes cantidades de bebidas alcohólicas-, no está justificado tirar todos los desperdicios al suelo, ya sean de plástico, cristal o papel.

Por la noche ya se hizo evidente el cóctel de residuos por las calles de Buño. A las botellas de todo tipo y vasos varios, hubo que añadir los envases de patatas y otras comidas, papeles y cartones de los envases de cervezas o restos de disfraces que sus propietarios fueron perdiendo a lo largo de la velada. A todo ello hubo que añadirle la lluvia que cayó durante la noche y la mañana. El barro se mezcló con la basura, generando en algunas partes una masa poco agradable a la vista y el olfato.

Pese a todo, hay que destacar, una vez más, el eficiente trabajo de los servicios de limpieza, que desde primera hora del domingo se dispusieron a dejar Buño como una patena. Numerosos efectivos se encargaron de barrer y acicalar las calles, amontonando por puntos los restos, para después proceder a almacenarlos en bolsas. Este año, además, contaron con la ayuda de un camión cisterna, que tras el laborioso trabajo de limpieza, procedió a regar con una manguera las calles, para llevarse al sistema de alcantarillado el barro y los restos de bebida que impregnaban el asfalto. Todo sea para no dejar rastro de la Mikaela.

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