Ayúdame a no perderme


Leemos muchas noticias de personas mayores desaparecidas, más en zonas rurales, pero aunque no es algo nuevo, sí es cierto que en los últimos años los casos van en aumento. Entre otras cosas influyen la reducción de medios para atender adecuadamente las necesidades de las personas mayores: centros de días cerrados, falta de cuidadores especializados o las menores ayudas para las familias. La diferencia en el número de desaparecidos en las zonas rurales, con respecto a las ciudades, tiene mucho que ver con el aislamiento y las menores relaciones sociales, lo que hace más difícil localizar a una persona desorientada.

Caminar sin destino aparente, deambular, es uno de los síntomas típicos del alzhéimer en aquellas personas que todavía pueden andar. A veces caminan cerca de casa hasta que se desorientan y se pierden. Puede ocurrir cuando van a vivir a casa de un familiar o a una residencia. En otras ocasiones son poco conscientes de sus limitaciones y pueden sufrir accidentes, por la pérdida de visión, de oído o motoras.

También son frecuentes las conductas de escapismo, tanto de sus casas como incluso de las residencias. Y es que las medidas que se toman para evitar que se pierdan, tienden a reducir la autonomía de las personas con alzhéimer y provocan ese deseo de huida.

¿Cómo podemos entonces reducir los riesgos? Estableciendo o manteniendo sus rutinas y en la medida de lo posible la autonomía de la persona; ya que les ofrece seguridad. Teniendo la casa iluminada y con señales indicando las estancias para evitar la desorientación. Bloqueando o escondiendo las salidas con tapices o cortinas, así como medidas de protección para evitar caídas por las escaleras. Distraerles cuando quieran «salir a trabajar, ir a casa…» y empiecen a deambular, en vez de discutir o razonar. Potenciar la actividad física y las habilidades de la persona; así como en la medida de lo posible que participe en actividades. Hablar con los vecinos y comercios de la zona por si ven a nuestro familiar solo, que nos avisen y lo entretengan (pero sin retener a la fuerza para que no se altere). Y finalmente, usar geolocalizadores constantes que nos permitan saber dónde se encuentra nuestro familiar en todo momento y que pueden ser de mucha utilidad en el rural o si se pierden.

Por Elsa Gundín Psicóloga directora de La Realidad Inventada

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