La manguera y el boomerang


No sé si recuerdan aquella foto de hace una década -icono del populismo donde los haya- del actual presidente de la Xunta, líder de la oposición en aquellos tiempos, enfrentándose a un incendio con una manguera de jardín en camisa y zapatos de manera muy espontánea. Como bien recordaban muchos esta semana, en aquella ocasión Feijoo no dudó en pedir la inmediata dimisión del conselleiro de Medio Rural. Hoy una de esas ironías tan lamentables del destino vuelve a Feijoo en forma de boomerang y lo sitúa en la posición inversa. En esta ocasión, él culpa con razón a los incendiarios y dice de ellos que «tienen un instinto criminal imposible de explicar». Bueno, quizá no sea tan complicado especular a propósito de tal «instinto».

Es posible, y solo posible, que por ejemplo la reforma de la ley de montes que permite recalificar zonas quemadas, la cual aprobó el PP el pasado año junto a UpyD (en paz descanse), tenga algo que ver. Es posible también que la privatización de muchos de los servicios de extinción de incendios de Galicia pueda influir, pues a más fuego más dinero.

Puede igualmente que la desidia en la limpieza de los montes o el afán de algún ganadero desalmado por tener más pastos para sus reses sean la chispa de muchos. La abundancia de eucaliptos en lugar de árboles autóctonos mucho más resistentes al fuego tampoco ayuda. Todo suma en este negocio. Lo que casi nadie se cree es que esto sea obra de mentes enfermas diagnosticadas como tal. El fuego es poderoso, sí, pero el dinero que lo aviva lo es mucho más. Suspiren.

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