05 mar 2016 . Actualizado a las 12:07 h.
Aldea Madeira era un sueño, uno de esos sueños en forma de cadena que si rompe un eslabón acaban siendo inútiles, caros y convertidos en pesadilla. Una de esas inversiones fabulosas que el tiempo deriva en pasto de los vándalos o de los cacos, como ahora ha ocurrido. Lo único bueno que se ha sacado de ahí, de momento, es la formación de sus constructores, pero tanta inversión merece que se busque otro tipo de rentabilidad.