«En mi carrera he visto de todo y más: la picaresca no tiene límites»


Aunque admite que no hay tantos intentos de fraude a las compañías de seguros como hace dos o tres años, que aquello fue «tremendo», Gonzalo Solís dice que la lucha contra este tipo de estafas es la principal fuente de ingresos de las empresas de detectives privados.

-Después de resolver a lo largo de su carrera más de 6.300 asuntos habrá visto de todo.

-De todo y más. La picaresca no tiene límites. De unos años para aquí se han multiplicado los intentos de estafa a las compañías y la gente lo hace, a veces, de la manera más burda.

-Cuénteme un caso...

-En cierta ocasión me llamó una compañía al detectar que uno de sus tomadores les había enviado varios partes en el que pedía una indemnización para las personas que resultaron lesionadas en sus accidentes de tráfico. Siempre iban cuatro mujeres -familiares o amigas- en el vehículo y siempre resultaban heridas. Me puse a trabajar y pronto descubrí el engaño. Me entrevisté con uno de los conductores que tuvo una colisión con aquel hombre y me contó su experiencia. Me explicó que circulaba por una carretera cuando sintió un golpecito por detrás. Se bajó y empezó a escuchar que a cuatro mujeres gritando de dolor en el coche que le precedía. Coche que por cierto no tenía apenas un rasguño. También recuerdo aquel otro caso de un patrón que hundió su barco. Un buzo pudo bajar al pecio y descubrir que le habían abierto varias vías de agua. He hecho de todo, desde incendios, hundimientos, robos de mercancías, inundaciones y hasta un accidente aéreo. El auge de las estafas a las aseguradoras se produjo sobre todo hace 5 años; si bien en estos últimos meses ha habido un descenso.

-¿A qué se debe ese descenso?

-Principalmente, a nuestra labor, a que la gente ya sabe que ahora se investiga cualquier parte que pueda resultar extraño. Y también a la decisión de las compañías de contar con nuestro trabajo para destapar cualquier caso que les haga sospechar. Pero también porque las cuantías o indemnizaciones que se reciben en España son muy bajas; si bien ahora la UE nos obligará a subirlas.

-¿Es fácil descubrir a un impostor?

-A veces resulta difícil, pero otras fácil. En ocasiones, con revisar las redes sociales, uno descubre el engaño. Recuerdo a un hombre que refería un daño importante en la columna tras un accidente que le impedía incluso ponerse de pie. Cuando le abrías el Facebook, ahí lo veías bailando en una boda. Otros no dejan cabos sueltos. O eso se creen.

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