El Camiño está repleto de recursos culturales ignorados y maltratados

Desde Pedra Ancha, en Dumbría, hasta San Guillerme proliferan bienes olvidados


Cee / La Voz

Desde que cruzan el puente de A Ponte Olveira, donde los peregrinos poco menos que tienen que adivinar que caminan sobre el río Xallas y lo que significa para la zona, hasta el alto del promontorio nerio, los visitantes que llegan por el Camiño se topan con decenas de bienes culturales, que les pasan completamente desapercibidos por una falta de señalización, información y puesta en valor que afecta incluso a algunos de los más emblemáticos.

Empezando desde Dumbría, casi al pie de la fábrica de Ferroatlántica y a unos metros de la senda están los petroglifos de Pedra Ancha, para los de Buxantes, o Pedra Longa, para los de Dumbría, ya que se sitúan en el límite de las dos parroquias. Como explica el geógrafo local Modesto García Quintáns, que conoce todo el entorno al detalle porque lo ha pateado cientos de veces y con una perspectiva científica, «a xente, se non se lle explica, nin sequera os ve, porque é preciso observalos con luz inclinada». Además, carecen de señalización e «están nunha finca privada cheos de toxos», por lo que incluso el acceso resulta complicado. Y eso que, como añade el propio García Quintáns, «teñen moitísimo valor para os especialistas porque son moi raros na zona occidental xa que representan armas: puñais, alabardas...».

La ruta real

No a ese nivel, pero incluso más desconocido está el Marco do Couto, pasando el cruceiro hacia la capilla de As Neves (Buxantes). Durante la apertura de la pista desde Dumbría a Vilar, una excavadora levantó una piedra grabada con una cruz y la inscripción «C. R.», que para el geógrafo significa con una alta probabilidad «Camiño Real» y marcaba un punto clave de la ruta romana a Duio, que venía por Brandomil y Baíñas, donde estaba el desaparecido caserío de O Cabral, del que se conserva un cruceiro entre la leña.

Ya en Cee la fuente de aguas a la que se le atribuyen cualidades terapéuticas de San Pedro Mártir pasa desapercibida junto a una ermita que, como casi todas las de la ruta, está cerrada a cal y canto durante la práctica totalidad del año.

Es el caso de algunas de gran valor arquitectónico e histórico como San Marcos, en Corcubión, donde el caso sin duda más sangrante es el del museo Seno, que alberga una impresionante colección de elementos ligados a la navegación y el salvamento marítimo relacionados con la naviera Sicar y con su propietario, el ya desaparecido Marcelo Castro-Rial. Al margen de que su apertura se limite a acciones puntuales de Neria, que se prolongaban unos meses cuando había alguna subvención, el patrimonio se deteriora día a día en un ambiente lleno de humedad y con una cubierta que hace que incluso llueva dentro. Un deterioro contra el que ha clamado en infinidad de ocasiones el arqueólogo subacuático Miguel San Claudio, para quien «no somos conscientes -dice- de lo que tenemos», y que esto no pasaría en otros lugares de Europa.

No es el caso del Museo da Pesca, también en manos de Neria, que sí tiene un guía y además de excepción como el poeta Alexandre Nerium, pero que adolece también de falta de accesibilidad pese a tímidos intentos de algunos hosteleros por comprar entradas en bloque y mantenerlo.

En Fisterra

Dentro de Fisterra, dejando a un lado la Calzada da Insua o la Cruz da Rapadoira, que casi ni figuran en las guías, prácticamente todo es un catálogo de despropósitos. La información sobre las ruinas de San Guillerme y del entorno del Facho, por supuesto sin ningún experto de forma presencial, resulta poco menos que anecdótica. El edifico de O Semáforo sigue cerrado en medio de un conflicto administrativo que apunta a los tribunales, e incluso la gestión del propio faro deja mucho que desear. Aunque es cierto, como repiten desde Neria, que lo poco que se hace lo hacen ellos y sin ayudas, los horarios de apertura, cuando los hay, fluctúan más que el precio del petróleo y las salas de exposición están llenas de humedades.

La propia iglesia de Santa María das Areas está inaccesible buena parte del año, como ocurre con Moraime (en Muxía), la mayor joya arquitectónica de la Costa da Morte o el mismísimo santuario de A Barca, que hay que observarlo desde la puerta la práctica totalidad de los días del año. Nada que ver, como explica el presidente de Solpor, Antón Pombo, con lo que hacen en Castilla y León, «onde a Comunidade Autónoma chegou a un convenio coa Igrexa e dende fai catro ou cinco anos polo menos teñen todo aberto con voluntarios do pobo, algo que seguramente non saia tan caro».

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